Las estafas ya lideran los juicios en Vigo

e. v. pita VIGO / LA VOZ

VIGO

Oscar Vázquez

En un año se examinaron 221 acusaciones por timos en internet, más que lesiones y maltratos

07 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El diario británico The Guardian advertía ayer en su portada digital de un nuevo timo cibernético: falsos anuncios recreados mediante inteligencia artificial (IA) simulaban que la joven heredera a un trono europeo solicitaba donaciones para una oenegé. Todo era un montaje realizado por ciberestafadores pero el ejemplo pone en evidencia que los delincuentes internacionales no tienen barreras a la hora de estafar a través de internet. Todo vale: inversiones en criptomonedas, venta de productos inexistentes, falsos novios en redes sociales, llamadas de petición de dinero por parte de hijos, donaciones y otros. La herramienta de la IA, capaz de clonar la voz de un actor, un político o un ejecutivo, y de crear falsas imágenes y vídeos (deepfakes), hará, previsiblemente, que las denuncias por ciberestafas se disparen en Vigo en el 2026.

El avance imparable de los fraudes digitales puede comprobarse en las estadísticas del año pasado de las denuncias registradas por la comisaría de Vigo y por los juicios de lo penal celebrados en la Cidade da Xustiza.

En el 2025, las tres juezas de lo penal de Vigo tramitaron 221 juicios por estafas y apropiación indebida (empleados que cogen dinero de la caja). Esta cifra duplica la del 2023 (103) y triplica la del 2016 (72). Además, por primera vez, los juicios por estafas superan en Vigo a los de lesiones y malos tratos (212), que hasta ahora eran los más frecuentes.

La comisaría de Vigo registró en los 9 primeros meses del año pasado un 8,2 % menos de denuncias por delitos comunes (hubo 2.153 hurtos, un 7 % menos). En cambio, se contabilizaron más ciberestafas (2.231), un 6,3 % más que un año antes. Los timos por internet ya suponen el 25 % de todas las denuncias registradas en Vigo. Y hay que sumar otros 406 delitos cometidos a través de las redes sociales como el ciberbullying, la difusión de fotos íntimas sin permiso (sexting), delitos de odio o el acoso a menores por adultos.

Para entender la magnitud del delito basta con hacer una comparación. Si un ciudadano posa su cartera o bolso sobre la mesa de la terraza de un bar y un carterista se lo hurta en un descuido, el dueño habrá perdido 20 o 50 euros, además de sus tarjetas de crédito y documentación. Si un ciberestafador le sonsaca sus claves bancarias al mismo perjudicado, las pérdidas pueden ascender a varios miles de euros. Y si lo timan con la venta de criptomonedas, el fraude se dispara a 40.000, 100.000 o un millón de euros.

Procesos a «mulas»

En los juicios por estafas, la mayoría de los procesados son mulas. Se trata de cómplices que, a cambio de una comisión, abren una cuenta corriente a su nombre para recibir el botín y transferirlo al extranjero. La policía los pilla de inmediato, pero tiene más difícil atrapar al ciberdelincuente que maneja los hilos en la sombra. A veces, consiguen bloquear el dinero y recuperarlo antes de que le pierdan la pista.

La organización de estos juicios suele ser compleja. Frecuentemente, los perjudicados o el acusado son vecinos de Vigo pero los demás protagonistas residen en otras ciudades y la jueza ordena preparar una videoconferencia para celebrar la vista online. A veces, por ejemplo, se dieron situaciones en las que una audiencia provincial anuló la condena a un ciberestafador de Vigo porque una jueza de Palencia impidió al acusado comparecer en el juicio por videoconferencia desde la ciudad gallega. La vista se celebró sin él y fue anulada.

En otro caso, una mujer de 73 años de Vigo ganó la batalla a un banco para que le devolviese 3.500 euros que le timaron unos ciberestafadores mediante phishing (clonar la web de una entidad financiera). La Audiencia Provincial en Vigo elogió a la clienta porque fue muy «diligente» al alertar rápidamente al banco tras sospechar que ella había sido víctima de un fraude.

En otro caso, la Audiencia Provincial ordenó a una jueza de Vigo reabrir un caso e investigar una ciberestafa de 179 euros por unas compras usurpando la identidad (spoofing) de un vigués pese a que ella había archivado la denuncia por ser «escasa» la cuantía del botín.

En otra sentencia, el juez obligó a una entidad bancaria a devolver 3.530 euros a un cliente que fue engañado mediante smishing por un ciberestafador para que hiciese clic en un SMS y le robó 7.800 euros. El banco alegó que el cliente era un «negligente» porque este llamó a su gestor para preguntarle qué debía hacer ante el sospechoso SMS y este le avisó de que no entrase en su banca electrónica, lo que sí hizo 12 horas después. La Audiencia Provincial admite que para un ciudadano normal es difícil entender este tipo de fraudes tan sofisticados y que cualquiera podría picar, por su parte, el banco debería mejorar sus medidas de seguridad informática.