Condenan a un joven sordomudo por una agresión sexual con una pistola falsa en Vigo
VIGO
La jueza se comunicó con el acusado mediante una intérprete de lenguaje de signos y una mediadora social para que le explicasen las condiciones de su condena con palabras sencillas dado su bajo nivel educativo
20 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Un joven acusado de Vigo que es sordomudo de nacimiento solo habla y entiende a su tía, la única con la que puede intercambiar conversaciones fluidas a través de gestos y mímica. Tanto la tía como el sobrino usan entre ellos un lenguaje de signos muy tosco, pues desconocen mucho léxico o emplean palabras especiales que solo las comprenden ellos. La jueza de lo penal descartó llamar a la familiar para que hiciese de traductora del acusado en el juicio, porque no estaba segura de que ambos entenderían lo que quería comunicar el tribunal.
Necesitaban traducirle el lenguaje jurídico en unos gestos y unas palabras sencillas que él pudiese comprender. Era una situación pionera y el tribunal telefoneó a la Xunta para pedir ayuda.
Fue así como ayer el Juzgado de lo Penal número 3 de Vigo movilizó a una traductora de signos de la Xunta y a una mediadora (una asistente social que trabaja en el barrio donde reside el acusado y que conoce la lengua de gestos). El joven llegó a un acuerdo con el fiscal y aceptó un año de cárcel por un delito de agresión sexual a una chica que paseaba el perro a las seis de la madrugada en una calle de Vigo y a la que abordó con una pistola falsa para intimidarla y hacerle tocamientos. La mujer tuvo miedo y fingió un desmayo para, luego, escapar hasta el portal. El joven la alcanzó en el edificio, donde continuó con los tocamientos hasta que ella se zafó y se refugió en el piso de un vecino.
La Fiscalía rebajó su petición de pena porque tuvo en cuenta que el acusado tiene una diversidad funcional por una alteración de la percepción sensorial y un bajo nivel socio-educativo porque vive en condiciones precarias.
Ambas profesionales, alguna vinculada a una asociación especializada, tradujeron a un lenguaje común y sencillo los términos de la condena. La jueza insistió en que el agresor debía entender lo que significaba estar 300 metros alejado de la víctima. El joven, mediante mímica, aclaró al tribunal que la policía ya se lo había explicado tiempo atrás: le habían dicho exactamente los nombres de las calles por las que nunca podía ir para no toparse con la víctima, lo que él cumplió.
El joven se declaró culpable de un delito de agresión sexual y aceptó un año de prisión (sin ingreso), dos años de libertad vigilada, tres de prohibición de ejercer oficio con menores, cinco de alejamiento de la víctima, el pago de una indemnización a esta de 3.000 euros en plazos de 24 meses y a la asistencia a un programa formativo de educación sexual. «La comunicación ha sido perfecta», concluyó la jueza.