Tamara Vila, la viguesa que recuerda a su padre haciendo obras solidarias

b.r.sotelino VIGO / LA VOZ

VIGO

Tamara Vila, en el centro, haciendo entrega de productos para bebés en Ayuvi.
Tamara Vila, en el centro, haciendo entrega de productos para bebés en Ayuvi. cedida

Organiza el próximo 13 de diciembre una gala a favor de la oenegé Aulas Abiertas, que trabaja con Perú

06 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

La forma de ser y de actuar de Tamara Vila está profundamente influenciada por el carácter de su padre, Martín: «Fue un hombre bondadoso, lleno de luz, que me enseñó a mirar más allá de mí misma. Cuando falleció, en febrero del 2014, sentí que la única manera de mantenerlo vivo era continuar su forma de estar en el mundo: ayudando».

El próximo 13 de diciembre se celebrará la I Cena Benéfica Martín Vila, impulsada por su hija. La gala destinará su recaudación a la oenegé Aulas Abiertas, vinculada al colegio Amor de Dios, que trabaja por el bienestar y la alimentación de niños y familias en situación de vulnerabilidad centrando su labor en Cajamarca (Perú), donde han creado comedores escolares y llevan a cabo proyectos que mejoren su calidad de vida.

La viguesa, una autónoma que regenta un centro de estética en la parroquia de Cabral, es conocida por su espíritu trabajador y su compromiso social porque no es la primera vez que tiene iniciativas solidarias, por ejemplo, recabando productos y material de bebés para la asociación Ayuvi, a la que también ayudó cuando trabajaba para una gran firma del textil al lograr gestionar donaciones de prendas descartadas con taras  Pero este año será la primera vez que organice un evento que implica mucho más. «La iniciativa nació de una promesa personal, surge de algo muy profundo, de una promesa que me hice hace muchos años», cuenta. Vila confiesa que este proyecto es su manera de decir: «Papá, tu legado sigue aquí».

Aunque será la primera edición, asegura que no será la última. «Siento que, de alguna forma, ha puesto todo en su lugar para que esto pueda hacerse realidad», añade. De su padre aprendió una lección que hoy guía su vida: «Lo que realmente deja huella no es lo que tienes, sino lo que entregas. Todos tenemos el poder de hacer algo por los demás», opina. Por eso, tanto en su vida personal como profesional, Tamara intenta aplicar esa filosofía en cada proyecto. «Mi padre tenía muy poco, pero siempre encontraba algo para ofrecer. A veces era tiempo, otras una sonrisa. En casa no sobraba el dinero, a veces se iba a la tienda a por dos cartones de leche y volvía solo con uno porque el otro se lo había dado a una persona que lo necesitaba más. No necesitaba grandes cosas para sentirse importante, y eso me marcó profundamente», cuenta.

La recaudación se destinará íntegramente a Aulas Abiertas, una ONG que ella tuvo la oportunidad de conocer de cerca y cuya labor la conmovió. «Los niños son el reflejo de la esperanza, y cuando ayudas a un niño, estás ayudando al futuro entero», destaca. Aunque eligió destinar parte de los fondos a proyectos en Perú, a donde quiere ir con la oenegé, también quiso que esta iniciativa mantuviera un espíritu universal: «Me emociona pensar que el nombre de mi padre estará vinculado a algo tan bonito como dar oportunidades a los niños. Es como si su generosidad siguiera viajando para seguir haciendo el bien».

La emprendedora reconoce que organizar esta gala la llena de emoción. «Presidir un evento así me toca el alma. No estoy sola: tengo un equipo precioso, amigos, profesionales y, sobre todo, mi familia, que siempre me ha apoyado. Para ella, la gala Martín Vila marca «el inicio de un camino muy especial». De hecho, confiesa que tiene en mente crear una fundación benéfica con su nombre.

Para la cena, sugiere a las personas asistentes vestir de color negro. El donativo total por persona es de 47 euros (37 de cena y 10 de aportación solidaria). También se pueden hacer donaciones sin asistir mediante Bizum (código 04453) o ingreso en cuenta bancaria a nombre de Aulas Abiertas Comedores Escolares. «Quiero que esta gala se recuerde como una noche donde triunfó el amor. Donde un nombre, Martín Vila, se convirtió en símbolo de esperanza y como el principio de algo mucho más grande: un camino que une corazones y demuestra que los sueños, cuando se hacen con amor, no se acaban nunca», concluye.