El depósito municipal de vehículos de Vigo logra la licencia tras 16 años abierto sin permiso

alejandro martínez VIGO / LA VOZ

VIGO

Xoán Carlos Gil

Urbanismo concede a Setex Aparki la autorización de actividad después de un expediente que arrancó en 2009

21 sep 2025 . Actualizado a las 02:06 h.

El Concello de Vigo ha puesto fin a un largo y complejo procedimiento administrativo que se prolongó durante más de década y media. La Gerencia de Urbanismo ha otorgado hace unos días a la empresa Setex Aparki la licencia de actividad para el depósito municipal de vehículos en la nave situada en la avenida de Madrid, 197. La concesionaria utilizaba esas instalaciones desde principios de 2012, pese a carecer del permiso obligatorio que cualquier instalación pública necesita para su funcionamiento.

El expediente arrancó en 2009, cuando Setex Aparki presentó en el registro una solicitud de licencia de acondicionamiento para desarrollar la actividad de depósito en una nave ya autorizada por resolución municipal en mayo de 2007.

La petición se acompañaba de una memoria firmada por el arquitecto Pedro de la Puente Crespo. Ese mismo año, el delegado provincial de Medio Ambiente resolvió que el proyecto debía someterse a un procedimiento de evaluación de incidencia ambiental, abriéndose el preceptivo trámite de información pública.

Urbanismo requirió además a la concesionaria la licencia de primera ocupación de la nave, notificada en 2009 y concedida en marzo de 2012. La resolución municipal fue clara: «no resulta posible el desarrollo de ninguna actividad hasta solicitar y obtener la preceptiva licencia de obras de adaptación». A continuación, el Concello detectó que los planos no coincidían con el estado final de la construcción, lo que obligó a Setex Aparki a presentar un proyecto de legalización.

La documentación fue revisada por los técnicos. En 2011 una arquitecta técnica emitió un informe favorable y, tras nuevas aportaciones, en 2013 hicieron lo mismo un ingeniero industrial y el laboratorio municipal. En 2014 el Concello pidió la copia de la resolución que acreditaba la adjudicación de la concesión administrativa, que la empresa presentó en la oficina de Seguridad y Movilidad. Un año después, la arquitecta municipal concluyó que los planos recogían las obras necesarias para la actividad y emitió informe favorable, condicionado a que se otorgara licencia de actividad e instalación para el depósito en las tres plantas de sótano.

Ese mismo octubre de 2015 el expediente se remitió a la Consellería de Medio Ambiente para dictamen de incidencia ambiental, que fue emitido en 2016. Sin embargo, la anulación judicial del Plan Xeral de 2008 obligó a aplicar el plan de 1993, lo que complicó el procedimiento. Hubo que esperar a 2019, con la aprobación del Instrumento de Ordenación Provisional, para recuperar la calificación de edificación terciaria. La arquitecta municipal ratificó entonces el informe favorable de 2011.

La nave

La nave donde se ubica la actividad tiene una superficie total de 42.681 metros cuadrados, aunque la licencia afecta a 12.503, distribuidos en tres plantas. El presupuesto de la obra de adaptación ascendió a 43.172 euros. El aforo máximo fijado es de 319 personas.

Pese a todos los trámites y condicionantes, el servicio funcionó con normalidad durante estos años. Dieciséis años después desde el inicio del expediente, la Gerencia de Urbanismo otorga por fin la licencia de actividad para el depósito municipal de vehículos. La resolución se basa en la documentación presentada en 2012 por Pedro de la Puente Crespo y cierra un largo procedimiento de la administración municipal.

El expediente que ahora se resuelve se enmara en un servicio que registra un uso intensivo de sus instalaciones. El depósito municipal suele alcanzar con frecuencia el límite de su capacidad. Esta situación provoca que buena parte de las plazas estén ocupadas de manera prolongada, reduciendo el espacio disponible para los coches retirados diariamente por la grúa.

La consecuencia es que en momentos de gran afluencia de visitantes, como en verano o en las fiestas navideñas, la presión sobre el recinto se multiplica.