Joel Ribeiro, derroche de personalidad

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El patinador del Gondomar, un talento desde los seis años, ganó un Europeo en show y una Copa del Mundo en solo danza y ahora busca tres oros más

05 ago 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Joel Ribeiro no es una excepción, pero casi. En una disciplina con tan pocas fichas masculinas como el patinaje artístico, el gondomareño de 17 años no solo sigue al pie del cañón en su disciplina, sino que colecciona títulos. A nivel individual, en la modalidad de solo danza, se hizo con el oro en la Copa del Mundo en Trieste (Italia) y más tarde, se hizo con el título de campeón de España, y en la modalidad de show, formando parte del cuartero del Gondomar, su club de toda la vida, ganó el Europeo tras hacer lo propio en el Gallego y en el Estatal.

Ahora, en este mismo mes de agosto, afronta la cita continental en solo danza y el septiembre estará en el Mundial de China buscando dos oros: en individual y en el cuarteto. Todo, con una media de 18 horas semanales, entre patinaje y preparación física y un don: su expresividad a la hora de patinar. «Ser diferente es lo que te hace especial y creo que dentro de la pista tengo una personalidad que me hace diferente. Desde pequeño, tuve la suerte de ser muy flexible, también expreso mucho en la pista y el rango de movimiento es más amplio. Creo que todo eso es una ventaja dentro de la pista», analiza el campeón, que apuesta fuerte para las dos citas que tiene por delante. «El objetivo está muy claro tanto en el Europeo como en el Mundial». Volver a casa con una medalla de oro. Su mentalidad de hierro también le ayuda. «Siempre estoy preparado para salir a pista, no me cuesta pensar en positivo».

«La temporada está progresando muy bien, tanto a nivel resultados como en el trabajo. Nos estamos notando más preparados que nunca y estamos muy contentos y con muchas ganas para lo que queda», dice el patinador que con seis años comenzó en las escuelas deportivas de Gondomar y que poco tiempo después, ya dio el salto al club de la mano de David Figueroa, que fue su primero y, por el momento, el único. «Siempre he estado con él».

El joven patinador define a su entrenador «como el mayor apoyo dentro de la pista, fue la persona que me acompañó desde muy pequeño. Creo que le debo todo, estoy superagradecido por su dedicación y su compromiso». No esconde que Figueroa es exigente, pero con el objetivo de «llevarnos a lo más alto dando nuestra mejor versión». Joel, que es un todoterreno en su deporte, no se decanta por ninguna de las modalidades que practica. «Son muy distintas y me complementan mucho las dos. En individual trabajo por y para mí pero en cuarteto compartir pista con mis compañeras de toda la vida es un orgullo. Es increíble conseguir todo lo que proponemos juntos».

Todo, con un esfuerzo a la altura de pocos. «Por norma, ahora estoy entrenando por las mañanas, unas 16 horas, y a veces salimos por las tardes dos horas con la preparadora física a correr», precisa. En invierno puede bajar un poco la intensidad, pero no mucho. Todo, en interminables temporadas que van de noviembre a septiembre. Superado el Bachillerato, y a punto de comenzar un ciclo superior de Higiene Bucodental, Joel define el patinaje como su «día a día», «Siempre estuvo incluido en mi rutina y espero que lo siga siendo durante muchos años más», dice dejando la puerta abierta a ser entrenador en un futuro. «Me gustaría seguir vinculado sea patinador o no».

Desde el principio, a Joel Ribeiro no le importó ser uno de los pocos hombres. «Cuando comencé, me acompañaron un par de chicos más, pero siempre estuve rodeado de mis compañeras que son chicas, pero eso nunca fue un impedimento para que yo continuase progresando y me siguiese gustando este deporte. Me siento muy arropado por todas mis compañeras y toda mi familia, que nunca fue en contra de eso». Al contrario, a día de hoy se siente un afortunado por ser un referente para generaciones de chicos. «Me emociona saber que niños más pequeños comienzan en este deporte por figuras como yo u otros chicos que compiten a este nivel», dice. A día de hoy, en clubes como el Gondomar, se nota un incremento de los niños.

Otro aspecto nada baladí es el económico. El patinaje tiene pocas ayudas y su familia le tiene que costear casi todos los gastos, incluido los viajes para competir en lugares tan remotos como China. «Cada temporada es un esfuerzo económico muy grande». Pero todo merece la pena.