Cuando el bádminton no tiene límites

Míriam Vázquez Fraga VIGO / LA VOZ

VIGO

XOAN CARLOS GIL

Un inicio tardío no le impidió ser entrenador y, ahora, seguir jugando a los 77 y tras un serio percance de salud

13 nov 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

Ramón Quiroga Puga (Vigo, 1946) es una institución del bádminton vigués, deporte que sigue practicando a los 77 años y donde se le conoce como Quiroga. Con licencia del Bádminton Cíes, fue presidente y entrenador de esta entidad, tanto con el nombre actual como con las denominaciones que fue teniendo aquel primer proyecto nacido en el colegio Seis do Nadal de la ciudad. Allí estudiaban sus hijos, los culpables de que él se aproximara a este deporte.

Fue en el año 1986 cuando Quiroga comenzó a empuñar la raqueta de una manera completamente espontánea. «Mis hijos empezaron en bádminton como actividad extraescolar y en vez de estar en la grada mirando y esperando, quise hacer también yo algo», rememora. Al cabo de pocos años, comenzó a asumir labores directivas, inicialmente de forma oficiosa, hasta tomar las riendas de manera oficial.

En los inicios, nunca imaginó que el vínculo con este deporte le atraparía durante décadas. «Te empieza a gustar, le coges cariño. Ves que es algo que te ayuda a olvidar la monotonía, la rutina del trabajo», introduce sobre lo que significó hace casi 40 años. Y a medida que mejoraba y alcanzaba metas, también estaba la ambición de conseguir medallas. «Debo de tener 22 títulos gallegos, siete campeonatos de España individuales y cuatro de dobles», estima de memoria.

Considera que solo es posible mantenerse activo tantos años en la práctica deportiva, y cerca de sus 80, a base de «voluntad y que te guste». «Hay que tener un mínimo de condiciones. Es un deporte que, a veces, a la gente le parece sencillo, y lo es, pero necesitas una cierta rapidez, velocidad, entrenar y, como todo en la vida, si no tienes aptitudes y cualidades...», desliza. Y recuerda que «de poco vale que uno sea muy bueno con la muñeca si es lento de pies; el contrario no te la va a tirar a ti para darte facilidades».

En cuanto a las tareas directivas, comenzó a echar una mano de modo informal, entrando ya en la directiva en 1997 y asumiendo el rol de presidente desde el 2006 hasta hace apenas tres años. «Me desligué de las labores administrativas, pero sigo siendo jugador», subraya sobre su vertiente preferida. Decidió dar un paso la lado porque «viene gente joven» y esas tareas tampoco eran su «especialidad», cuenta. «Tengo bastante con jugar, que es lo que me gusta. Y si hay quien se encargue, perfecto».

De hecho, la falta de gente para asumir esos cometidos fue la que le llevó a él a meterse ahí. Lo mismo que con la faceta de técnico, que también cultivó durante un tiempo ya pasado. «Los padres mandan a sus hijos a actividades extraescolares, pero alguien tiene que atenderlos. Como llevaba a los míos, acabé haciendo el cursillo y alguien tenía que figurar como entrenador», explica. Así que acabó siéndolo a la vez que presidente. «Ahora ya no tengo suficiente paciencia. Enseñaba lo que sabía, porque yo fui prácticamente autodidacta», detalla.

Del mismo modo, la llegada a la presidencia también vino dada porque se marchaba la directiva que estaba y nadie quería recoger el testigo. «Vigo fue la cuna del bádminton, llegó a haber siete clubes y, en un momento dado, ayudamos a que no desapareciera», celebra. Aunque hace hincapié en que no estuvo solo en esa labor. «Otras dos o tres personas hicieron tanto o más que yo. Es bonito decir que nació aquí, pero hubo años en que solo quedábamos nosotros», señala.

A lo largo de su vida, el bádminton le ha dado a Quiroga «muchas alegrías, sobre todo, cuando ganas, como es lógico», pero también otras cosas al margen de los resultados. «Diría que me ha dado salud. Una rutina de levantarte a las 5.00 igual no es lo más recomendable durante toda una vida, y el deporte es un desahogo», agradece. Pero hay más, como haber podido conocer buena parte de España y, por encima de cualquier otra cosa, «la camaradería» que se forma con el resto de personas de este mundillo. «Eso no quiere decir que el que es tu compañero del doble, cuando está de rival al otro lado, te vaya a dejar ganar, pero hay una rivalidad sana y la satisfacción de hacer algo bueno para la salud», añade.

Los años no pasan en balde y bromea con que a sus 77, «lo que se hace ya es algo que se parece al bádminton». Además, en su caso concreto, un bache de salud que sufrió en el 2020 le ha puesto las cosas difíciles. Pero el médico le dijo que tenía que hacer vida normal, lo mismo de antes, y eso implica que el bádminton tenía que seguir estando y jugando un papel primordial. «Firmaría seguir todos los años que pueda, hasta los 100. No creo que sea posible. Cada vez te lesionas más y llegará un momento que no sea capaz. Pero, mientras, aquí estoy», proclama.

Nunca ha buscado el reconocimiento con su trabajo en favor del bádminton y afirma que el mejor que le pueden dar es «no protestar mucho y que cuando lo quieras dejar, alguien se haga cargo», como sí ha ocurrido en su caso. «No pretendía ni pretendo que se me reconozca. Como a muchos padres, el bádminton me ha costado dinero y sigo pagando mi cuota religiosamente. Me divierte y me compensa».