Entrenador con alma de profesor

Xosé Ramón Castro
x. r. castro VIGO / LA VOZ

VIGO

XOAN CARLOS GIL

Técnico de fútbol sala desde los 16 años, anhela retornar a la base pese a dirigir en el tercer escalafón

18 sep 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

Comenzó en el fútbol sala a los cuatro años, a los 16 se puso a entrenar y a los 39 sigue. Lo hace en Segunda B, el tercer escalafón del fútbol sala español, pero en realidad a Lucas Fernández Álvarez (Vigo, 1984) lo que le apasiona es el fútbol sala formativo y a él volverá tan pronto como sea posible. «Siempre digo que es el último año que entreno en categoría sénior y que me apetece volver a formar chicos», comenta. En la actualidad, y por cuarto curso consecutivo, dirige al IES Coruxo pero lo suyo son los juveniles, esa franja de edad que unos creen conflictiva y que este vigués afincado en O Porriño adora.

El fútbol sala le viene de tradición familiar. Jugaban sus hermanos mayores, acudía a los partidos y a los cuatro años ya comenzó a pegarle patadas al balón. Lo hizo en el colegio Marcote, un centro con tradición y buenos resultados en el deporte del balón pequeño. «Viví este deporte desde pequeño y es una parte de mi vida. No concibo mi vida sin fútbol sala, intento estar lo más informado posible, veo todos los partidos que puedo. No existe un día de mi vida sin fútbol sala», apunta Fernández Álvarez.

A los 16 años, su vida deportiva dio un giro de lo más prematuro. «Tuve una pequeña lesión de esguince, el entrenador que había me dijo que cogiera un equipo, me enganchó y desde ese día no dejé de entrenar», comenta Lucas, que no esconde que los banquillos son su lugar en el mundo del fútbol sala. «Me tira mucho más, creo que sumo más desde fuera de la cancha que desde dentro», comenta.

Desde que comenzó a entrenar chavales, fue dando pequeños pasos, pasando por todas las categorías de la base. Su etapa en el Colegio Marcote finalizó después de siete temporadas y su salida llevaba aparejada una decisión para el futuro: no contar con exjugadores del fútbol 11 en sus plantillas por tener claro que se trata de dos deportes completamente diferentes. «Estuve 7 años en el Marcote, y cuando salí de allí decidí que en mis equipos solo iban a jugar chicos que siempre jugaran a fútbol sala. Ahí cambió mi idea al tiempo que me formaba como entrenador e iba cogiendo mis gustos».

Su siguiente estación fue el Vigo 2015 y en ningún momento Lucas Fernández se planteó entrenar a un equipo de categoría absoluta hasta que en el verano del 2019 el IES Coruxo se cruzó en su camino. «Llevaba un par de años en el Vigo 2015 pero en ese momento nuestros caminos se separaron y llegó la oportunidad de fichar por el primer equipo del Coruxo en Tercera».

Pandemia y ascenso

Con la escuadra que preside Pachi Comesaña vivió de todo, desde una pandemia a un ascenso a Segunda B con consolidación incluida, al menos por el momento. «Fiché el año del covid, un año muy especial, pero todo lo que vivimos como equipo esa temporada nos unió un poco más y nos convirtió en un grupo más fuerte», comenta Lucas, que avisa que la temporada que el sábado comenzó apunta a ser la más dura para poder suscribir la permanencia: «Es el año más complicado al que hacemos frente, incluso más complicado que la primera temporada. El fútbol sala cada vez está menos profesionalizado y hay jugadores que estaban en Primera División que pasan a competir en Segunda B. Nosotros igual somos los únicos que no cobramos de la categoría, ninguno de los jugadores cobra, y eso es una diferencia muy importante», precisa.

De cara al futuro, Lucas Fernández no se plantea dar un salto hacía categorías superiores, sino que su hoja de ruta apunta a un retorno a sus orígenes. «Aunque esté entrenando ahora por circunstancias de la vida, yo me considero entrenador de base. Mi aspiración cada año es volver a la base. Siempre me apetecer coger a un grupo de niños de ocho años o volver a mis chicos de los 17».

Es ahí, en las edades cadetes y juveniles en las que ha pasado más tiempo. «La categoría en la que más entrené fue entre los 16 y los 19 años y siempre en masculino. Se suele decir que es una edad muy difícil, pero yo creo que es la mejor edad para estar con ellos. Es en la que más relevante puedes ser hacia ellos tanto a nivel formativo como personal», dice el preparador vigués.

Desde su atalaya, por otra parte, considera que la falta de unión es la que ha impedido que Vigo pudiera consolidar un proyecto potente. «Es culpa de todos, tanto de entrenadores como de la propia ciudad y de las instalaciones deportivas. Desde que yo tengo uso de razón, nunca hubo una unión para darle el empujón necesario sala». Eso sí, considera que está estabilizado, lo que puede considerarse como un punto de partida. «Creo que seguimos en una línea constante, que ya está bien con las desventajas que hay en este deporte».