El comercio baja la persiana por las tardes para conciliar

Begoña Rodríguez Sotelino
begoña r. sotelino VIGO / LA VOZ

VIGO

Oscar Vázquez

Cada vez son más los que reducen horario por familia, salud o escasez de clientela en verano en el tramo vespertino

10 jul 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

No todo es más difícil para los autónomos y en el sector de las pequeñas empresas, aquejados de mil escollos para que les salgan las cuentas. Por ejemplo, la flexibilidad de horarios que se marcan ellos mismos atendiendo a algo tan sencillo como comprobar día a día que pasan las horas y no entra un alma por la puerta ni un euro en la caja. Esos son dos de los factores determinantes a la hora de apostar por reducir horarios y concentrarlos en el tramo de la jornada en el que más ajetreo se percibe. Adaptarse al ritmo cambiante del público o hacer que este se adapte al del proveedor es cada vez más común. Cada vez son más. Algunos lo hacen todo el año, otros se apuntan solo en verano, bajando la persiana a la hora de la siesta para no volver a subirla hasta que el sol vuelva a salir al día siguiente por el Este.

Ana Rocha, responsable de la herboristería LavandaBio (García Barbón, 100), es una de las que apuestan por esta fórmula. Su hijo menor tiene 10 años y le gusta verle crecer. Ese es el motivo por el que durante el año cierra los viernes por la tarde y abre un poco más tarde los sábados por la mañana, para desayunar con él. Ahora, en verano, a ese viernes por la tarde le añade cuatro de lunes a jueves. «Cierro a las 15.00 horas para disfrutar un poco del verano, que junto a los puentes de julio y agosto, esas son mis vacaciones», cuenta.

La comerciante explica que está contenta y su clientela, también. «Se han adaptado perfectamente y el reparto a domicilio que suelo hacer al salir varios días, lo concentro en uno solo». La gerente del establecimiento justifica su agenda por razones familiares, pero como trabajadora, ella misma sabe que no son suficientes si a fin de mes no le compensa. Sin embargo, ha comprobado que no es así. «Llevo dos veranos cerrando por las tardes y comparando con la caja del año anterior, la diferencia no es mucha. Obviamente, sacrificas algo, cuanto más tiempo está abierta la puerta, más probabilidades hay de hacer una venta, como por la mañana, que abro siempre a las 9 para los que van temprano a trabajar, pero la gente se adapta y además abro los sábados por la mañana», recuerda.

Bajar el pistón ha sido también la opción elegida por Braulio Ferreiro, lector voraz y tendero 3.0, de colmado toda la vida, que desde que reformó el local para darle un toque actual y gourmet, se dio cuenta de que no le daba tiempo a subrayar todos los libros que tiene acumulados. «Decidí reducir el horario, en principio por salud, las piernas las tenía doloridas, hasta el punto de despertar con dolores, supuse que de poco serviría un medicamento y preferí tomar la decisión de reducir las horas de trabajo, también jugó a favor de esa reducción de horario la vida familiar, el poder estar en casa y con la familia más tiempo es algo que, dada mi jornada laboral, que llevaba realizando tantos años, desconocía», reconoce el frutero de Lucifeli. El comerciante añade que es «un lujazo poder hacer recados tan básicos como ir al médico sin estrés» y justifica la decisión: «Aún teniendo en cuenta que un negocio se debe a los clientes y prestar el mejor servicio posible, los autónomos debemos buscar el mejor equilibrio tan difícil de lograr. De ellos depende que podamos sostener el propio negocio y prestar atención a la familia y la salud», argumenta.

La esquina de García Barbón en la que se está su local es especialmente proclive a la autorreducción de jornada. Cruzando la calle, en el número 135 está la pastelería Diz, que también hace jornada maratoniana, de 8 de la mañana a 3 de la tarde de lunes a domingo. «No cerramos ningún día, ni siquiera los domingos, pero ahora, en los meses de verano, en vez de terminar a las 20.00 horas aprovechamos la tarde porque si no, nos pasaríamos la mayor parte de tiempo con los brazos cruzados. Gastamos más en electricidad que lo que ingresamos», reconoce Lara Diz.

M.MORALEJO

La medida de concentración horaria va por barrios y se extiende por todo Vigo. En Coia, la imprenta digital DixTinta (Martín Echegaray, 19) que abrieron justo hace un año María e Iciar, decidieron desde el principio «intentar apostar por una jornada de lunes a viernes de 8.00 a 16.00h. que nos permitiese conciliar. Por parte del público, lo que encontramos es pura comprensión», aseguran. En el obrador de pasta fresca Bottega della Pasta (Ronda de Don Bosco) también achican jornada en el verano, de martes a sábados de 10.30 a 14.00 horas, y al final de la temporada, una escapada a Italia que Vittorio aprovecha para visitar a la familia en la región de los Abruzos, con su pareja, la viguesa Sonia.

Mar Guevara, responsable del bar Coffee Runners, en el 188 de la avenida de Castrelos, fue una de las primeras en sumarse a esta tendencia en un sector, el de la hostelería, que no se anima tanto a conciliar como el comercio porque su público demanda más. Pero también echó cuentas y están al pie del cañón cuando saben que hay más gente. Por ejemplo, los fines de semana. Y al contrario que el resto, trabajan más en verano porque los días de concierto en Castrelos amplían el horario.