Alba Dapena: «Quería irme amando el balonmano como hasta ahora»

m. v. f. VIGO / LA VOZ

VIGO

Deja el deporte feliz y agradecida por lo que le ha dado, pero cansada mentalmente y para evitar «llegar a un límite de no querer saber nada de él»

27 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Andrea Dapena abandona el balonmano a los 30 años y tras llevar practicándolo desde los seis. No es la primera temporada en que a la que lleva siendo jugadora del Porriño desde el 2014 (antes, del Guardés) se le pasa la idea por la cabeza, pero hace cosa de dos meses tuvo claro que era el momento y que no había vuelta atrás. El pasado fin de semana se despidió del pabellón de O Porriño como deportista en activo (avisa de que seguirá siendo su casa) y este sábado afrontará, a domicilio, el último partido de su carrera.

-¿Es una retirada definitiva o deja alguna puerta abierta?

-En el futuro, no lo sé. Ahora mismo, me la tomo como definitiva. Tengo claro que lo echaré de menos y al principio supongo que me costará ir a ver los partidos, pero para mí es una retirada definitiva a este nivel.

-¿En qué momento toma la decisión?

-Es algo que llevaba un par de años en mi cabeza. El año pasado, por el covid, no se pudo acabar la temporada y no es lo misma retirarse así de un deporte que es tu vida que jugando. Hace dos meses empecé a hablar con el club y tomé la decisión definitiva. Vi que no era capaz de seguir.

-¿Cuál cree que fue el detonante, si es que lo hubo?

-Mi razón es que llevo tantos años jugando, que no quería llegar a un límite de acabar tan cansada de decir: «¡Dios, no quiero ni ver balonmano!». Quería dejarlo amándolo como hasta ahora. Después, está el tema de que antes no me importaba dejar de lado o de hacer cosas con mi familia, que ahora tengo una sobrinita, o ir de viaje con compañeros de trabajo y amigos. Ahora ya me iba pesando, me apetecía hacer otra cosas. Todo me costaba más que otros años, no tanto a nivel físico, aunque al final todo influye, sino más mental, de saturación.

-¿Pesaron las lesiones?

-Sí y no. Al salir de ellas, siempre cuesta. No es que te recuperes bien o no, sino el ritmo del equipo, de la exigencia de la competición. Pero por desgracia, tuve muchas.

-¿Trataron en el club de convencerla para seguir?

-Me dijeron que esperara un poco más para ver si cambiaba de idea, si era un momento malo que había tenido. Pero cuando les dije que era definitivo, me respetaron y me entendieron como han hecho siempre. Ellos saben el sacrificio que conlleva compaginar todo y siempre me lo facilitaron. Mi segunda casa va a seguir siendo el pabellón, pero desde fuera.

-Se va con el buen sabor de una segunda fase repleta de victorias.

-Sí, afrontamos muy bien esta fase. Cuando empiezas a ganar y estás en racha, todo se hace más fácil que cuando estás metido en un bucle negativo. Se notó en el grupo, en la afición... En todo.

-¿Cómo vivió el último partido en Porriño?

-Fue duro y emotivo. Mucha gente no sabía que iba a ser el último, pero me voy feliz, con la alegría de ese reconocimiento y contenta de que la despedida sea en la pista.