Las monjas, el cura y Karpin

El 27 de abril del 2001, comenzó el traslado del asilo de los Ancianos Desamparados de Vigo para dar paso al proyecto inmobiliario del futbolista, que acabó de forma ruinosa


vigo / la voz

Las monjas eran las Hermanitas de los Ancianos Desamparados de Vigo; Juan Manuel Pérez Martínez, el sacerdote castrense que dio nombre al Barrio do Cura porque allí tenía una casa; y Karpin, el excelente futbolista que rozó la ruina tras entrar en el negocio inmobiliario. Los tres se cruzaron a partir del 27 de abril del 2001. Aquel día, las monjas comenzaban el traslado de las 123 personas que cuidaban en las instalaciones del céntrico asilo de la calle Pi y Margall a su nuevo emplazamiento en Alcabre, cerca de la playa de Samil.

«No podemos decir a quién vendemos, pero serán 1.200 millones de pesetas lo que nos pagarán», reconocía sor Ana Grande a un periodista de La Voz de Galicia. Aquel secreto tardaría un tiempo en desvelarse.

La historia del asilo se remonta al año 1883, cuando la religiosa Teresa de Jesús Jornet recibió una carta de un sacerdote de Vigo pidiéndole que fundase una casa para los ancianos desamparados en esta ciudad. Un mes más tarde llegaba la superiora general de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, acompañada de su secretaria y seis monjas más. Dicen las crónicas que se instalaron en una casa del Areal adquirida a este objeto, en donde comenzaron a ejercer el mismo día la misión con diez pobres. Al año siguiente, Juan Manuel Pérez Martínez, cura castrense de Vigo, les hizo donación de un terreno con entrada por la antigua carretera de Baiona. Manuel Felipe Quintana fue el arquitecto que emprendió el proyecto, que no se culminaría hasta 1910, aunque posteriormente se realizarían otras ampliaciones.

El Barrio do Cura, como quedó denominado popularmente, vivió desde finales del siglo pasado una degradación paulatina, amenazado siempre por la posibilidad de una acción inmobiliaria que arrasase con todo.

Tras la salida de las monjas de su antiguo emplazamiento en el Casco Vello, se inició una carrera por hacerse con los terrenos que auguraban un jugoso negocio inmobiliario. Varias empresas fueron relacionados con la compra, como la cadena Layetana o la constructora San José. Sin embargo, sería el dueño de la banda derecha de ataque del eurocelta quien mejor se posicionó. A mediados del año 2003, la empresa de Valery Karpin llegaba a un acuerdo de compra con las Hermanitas de los Ancianos Desamparados cifrado entonces en 8,5 millones de euros.

Al año siguiente, el deportista ruso, nacido en Estonia, logró atraer a su proyecto al también futbolista Michel Salgado. Los dos jugadores, junto con el empresario José Crespo, comenzaron a planificar una operación urbanística en aquel barrio, que implicaba la compra del resto de los terrenos próximos al asilo.

Promoción inmobiliaria

La Voz de Galicia informaba entonces de que la intención de los impulsores del proyecto era invertir 130 millones de euros para construir pisos y un área comercial. Sin embargo, todo se fue retrasando debido a que la empresa inmobiliaria no pudo alcanzar un acuerdo con el Concello de Vigo respecto al porcentaje que debía destinar a vivienda de promoción pública. El gobierno local exigía un 30 % (algo que se cumplirá en el proyecto actual), mientras que los promotores de entonces querían ceñirse al 10 % legalmente establecido.

Al mismo tiempo, la empresa de Valery Karpin acometía otros proyectos en la ciudad, como un edificio de aires contemporáneos en el inicio del Areal o la posterior adquisición de la parcela ocupada por el colegio Cluny, en la Gran Vía. Eran momentos en los que el futbolista ruso patrocinaba a varios equipos deportivos en Galicia, entre ellos, uno dedicado al ciclismo.

El proyecto del Barrio do Cura se acabó enquistando debido a la falta de un acuerdo con el gobierno vigués. Pero, la puntilla a aquel negocio vino con la crisis mundial del 2008 y el pinchazo de la burbuja inmobiliaria. Los préstamos pedidos por la sociedad liderada por Karpin se convirtieron en una losa imposible entonces de liquidar, quedando en manos de los bancos los terrenos adquiridos por la promotora.

Según explicaba La Voz de Galicia tiempo después, desde el 2014, los bancos acreedores suspendieron las subastas judiciales millonarias de los edificios y terrenos que Karpin había comprado en el Barrio do Cura mediante hipoteca. Las entidades financieras dejaron en el aire las pujas de los inmuebles porque tenían esperanzas en que unos inversores rusos se interesasen por el proyecto, una vez resuelto el tema legal. Pero no fueron rusos quienes accedieron a los terrenos. En el año 2018, un fondo de inversión norteamericano, Autonomy Global Opportunities, compró la deuda contraída por Karpin años atrás. Fue entonces cuando se retomó el plan de construcción a través de la promotora Gestilar, que tiene su sede en Madrid. El proyecto, diseñado por el arquitecto Alfonso Penela, contempla la creación de una gran plaza pública de más de 4.000 metros cuadrados conectada con zonas verdes. También contará con 1.137 plazas de aparcamiento, de las que 600 serán para residentes y el resto para uso público, y cerca de 400 viviendas.

Mientras tanto, las Hermanitas de los Ancianos Desamparados continúan haciendo su inmensa labor en la parroquia de Alcabre, ajenas ya a los problemas del ladrillo. Eso, sí, mantienen la pena de no haber podido trasladar a sus nuevas instalaciones la fachada de la antigua iglesia del centro de Vigo, tal como estuvo previsto en un primer momento. Valery Karpin, por su parte, ejerce como entrenador del equipo de fútbol de la ciudad de Rostov, en el sur de Rusia. Así que el único que pervive en la zona, a título póstumo, es el cura que da nombre al barrio, aunque ya nadie se acuerde de cómo se llamaba.

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