Un choqueiro en el fútbol magiar

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El redondelano Héctor Quijeiro ejerce de director de metodología del Eto FC, un histórico de Hungría, después de entrenar en México, China y Rumanía

19 mar 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Héctor Martínez Quijeiro (Redondela, 1976), que trabajó en la base del Celta y en la Escuela Denis Suárez de Salceda, se ha convertido en un trotamundos del fútbol. Entrenó en México, China y Rumanía y ahora acaba de iniciar su cuarta experiencia en Hungría como director de metodología del Eto FC, de la ciudad de Györ, un histórico del fútbol magiar. Fundado en el 1904, cuenta con cuatro ligas, cuatro copas y unas instalaciones que serían la envidia de muchos clubes de otros puntos del continente, pero en su día sufrió un descenso administrativo a la tercera categoría y ahora está en Segunda camino de regreso a la élite.

Todo fue muy rápido para el entrenador redondelano. «Fue a través de un representante. Me contó que había una oferta de trabajo de Hungría y me preguntó si me interesaba», recuerda Héctor. Cuando conoció los detalles, tanto económicos como deportivos, le dijo que sí, y todo lo demás fue fluido: currículo por correo electrónico, reunión por Skype para exponerle su proyecto al club y una semana después ya estaba pisando una ciudad deportiva con siete campos, cuatro de ellos de fútbol 11. «Todo fue muy rápido, desde que envié el currículo pasaron 15 días». Firmó por un año y medio.

Su primera tarea en una ciudad situada al norte de Hungría a 100 kilómetros de la capital, Budapest, es revisar toda la metodología de juego y ver cómo trabajan los entrenadores. «Hasta final de esta temporada, que acaba en mayo, voy a supervisar todo el trabajo, ver lo que están haciendo e intentar que vayan aplicando nuevos tipos de tareas en los entrenamientos», comenta Héctor Quijeiro, que no esconde su deseo de importar «un fútbol más combinativo, con posesiones más largas y con más control de partido por esa vía. Aquí se lleva un fútbol más físico y de contraataque».

Al frente de 16 equipos

Quijeiro, que ocupa el segundo lugar en el escalafón de la cantera del Eto por detrás del director de la academia, tiene a su cargo a 16 equipos, 13 masculinos y tres femeninos, y que se dividen en tres grandes bloques: el grupo élite, que va desde el sub-19 al sub-16; el colectivo intermedio hasta sub-12 y el tercero a partir de ahí. Cada grupo tiene un coordinador y cada equipo cuenta dos entrenadores. A mayores, entre la estructura de la entidad se reparten los preparadores físicos, de porteros, fisios y analistas de vídeo (cuatro a tiempo completo). Además, un centenar de jugadores viven en la residencia del club.

Héctor admite que cuando se marchó lo hizo con un algún recelo, pero nada más entrar en las instalaciones todo cambió: «Estoy muy contento, no me imaginaba que fuésemos a tener esta estructura y estos recursos. Cuando te hablan de un club de Segunda División de mitad de la tabla de Hungría piensan que puede ser un equipo medio de Segunda B con limitaciones de recursos, pero aquí es todo lo contrario, tenemos hasta un instituto con profesores propios para los jóvenes de la academia», relata henchido, apuntando que en todo su periplo futbolístico por el mundo, el Eto FC es la estructura más parecida a la que conoció en el Celta. Eduardo Covelo, hoy director de cantera céltico y antes jefe del área de metodología celeste, le asesora en todo lo necesario.

El secreto de contar con tantos recursos es que el gobierno húngaro financia el 100 % de los gastos de la base (les compró hasta un autobús) al tener la consideración de élite la academia, etiqueta que tienen diez escuelas en todo el país. Para conseguirlo, cada club debe pasar una auditoría cada dos o tres años en donde se revisan desde las infraestructuras hasta los resultados.

Vida e idioma

Héctor Quijeiro está solo en Györ (planea llevar a su familia si todo va bien para el próximo curso) y toda su vida la pasa en la ciudad deportiva. «Llegó a las ocho y media y me voy a las siete. Como y ceno allí», especifica.

En cuanto al idioma, se comunica en inglés y cuenta con dos aliados para traducir el español al húngaro. «El director general vivió y trabajó en Alicante, chapurrea un poco de castellano y nos vamos entendiendo», dice. Y para reuniones técnicas cuenta con un empleado del club que domina a la perfección los dos idiomas y le traduce todas las cuestiones técnicas.