El carril bici choca con las gallinas de Pepe

Luis Carlos Llera Llorente
luis carlos llera VIGO / LA VOZ

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Luis Carlos Llera

Los propietarios de cinco fincas en Alcabre quieren que les indemnicen adecuadamente por sus valiosos terrenos que ocupan 2.500 metros cuadrados y de los que se van a llevar una franja

09 feb 2021 . Actualizado a las 00:07 h.

La prolongación del carril bici hasta Samil se topa con obstáculos que van a tener que removerse con la palanca del dinero. El que se necesita para ejecutar las expropiaciones que aún no se han cerrado y que afectan a fincas, a sus inquilinos e incluso a animales domésticos.

Los vecinos están en guardia. Daños colaterales son los que sufrirá Suso Veiga si se reforma toda la zona de la avenida de Europa y los nuevos accesos para el centro comercial que se situará frente al colegio Amor de Dios. «Me quieren expropiar, pero solamente me afectará a la parte del garaje y va para largo» dice Suso respecto del proyecto de ampliar el bulevar de Coia hasta la playa. Vive en la zona más próxima a la rotonda de la VG-20. Está afectada por la autovía de circunvalación que pertenece al Ministerio de Fomento que ya en su día mordió muchas fincas de Alcabre.

Si a Suso los proyectos para esta zona le afectan tangencialmente, a Pepe Sanjuás Vilar le tocan de lleno. Pepe ya ha cumplido los 77 años y es sobrino de los propietarios de cinco fincas que resultaron afectadas en su día por la avenida de Europa y ahora están en el punto de mira de las expropiaciones para proseguir el carril bici, que ahora termina de forma abrupta y un tanto peligrosa en la zona de los Volcanes de Coia. La pista verde, con dos carriles separados por líneas blancas, se diluye en una gran superficie pulimentada en la que no hay marcas visibles. Niños y mayores deambulan de manera que a veces no advierten que las bicicletas continúan con su inercia por la velocidad por una zona en la que es difícil averiguar por dónde va el carril y por donde no, con el consiguiente riesgo de atropello. Además, el cemento pulimentado se convierte en un gran espejo de agua por las lluvias continuadas y con algunos tipos de calzado no es fácil mantener el equilibrio y se producen resbalones y patinazos.

Aunque las marcas y las señalizaciones de la pista para ciclistas tienen ahora menos usuarios por el mal tiempo, van a continuar hasta Samil. Ello va alterar sustancialmente el hábitat de las gallinas de Pepe Sanjuás. Parapetado por las vallas publicitarias que se alzan en las fincas de la familia, Pepe departe con su amigo Fernando en un galpón junto al huerto que cultiva con esmero. «Hace tres meses tuve una reunión en la Xunta y dijeron que me iban a llevar una franja de 8 metros de las cinco fincas. Cada una es de un hermano», explica el veterano habitante de una zona en la que confluyen las parroquias y barrios de Coia, Alcabre, Navia y Bouzas. Es una encrucijada de caminos surcada por el asfalto de la VG-20 que se abre como una herida que separa barrios y que tiene por ahora difícil sutura porque no está previsto soterrarla. Ni siquiera quieren aislarla con paneles de poliexpan como hacen en la vecina Portugal para amortiguar los ruidos de la autopista, colocando incluso ventanas con figuras de aves rapaces para que otras especies no se estrellen..

Pepe Sanjuás interrumpe su charla amigable con un vecino del barrio y recorre los 30 metros que separan el huerto del gallinero que está en otra de las cinco fincas que pertenecen a la familia. Bajo una estructura semicircular cóncava se refugian 14 gallinas ponedoras y un gallo que las libera atrás queda el huerto con fabas recién plantadas. Con paciencia Pepe recoge los huevos de las ponedoras y los exhibe orgulloso. Los hay blancos y de color beige o marrón claro. No sabe por qué ponen cáscaras con diferentes tonos. Todas comen en el mismo sitio y picotean el suelo en busca de lombrices cuando Pepe las saca del gallinero. Las yemas de los huevos son de un color amarillo intenso, mucho más vivo que el color apagado de los que se compran en la mayoría de los supermercados.

Oferta

«Me ofrecieron dinero por las fincas. A mi madre le llevaron la casa por 30 millones de pesetas hace 25 años. Yo ahora pido para repartir entre los familiares porque me encargo del mantenimiento». Cada parcela tiene 26 metros de largo por 25 de ancho y por todo el conjunto le han ofrecido 600.000 euros. Pepe prefiere hablar en pesetas: «Les pedí 200 millones y me dijeron que no puede ser. En la reunión me ofrecieron 100, pero no nos pusimos de acuerdo». Su amigo Fernando apunta que van a tardar tres años en llevar a cabo el proyecto.

Para Pepe las fincas de su familia son su lugar de recreo, además de proporcionarle verduras sanas y huevos. Los prefiere a los que compra su hija en el supermercado. Junto a las gallinas, como en cualquiera leira que se precie, hay somieres de camas que se convierten en puertas y vallas improvisadas de las distintas parcelas. Es el rural por el que no pasa el tiempo junto a las grandes torres residenciales y las futuras instalaciones comerciales.

Las gallinas de Pepe tendrán suerte si sobreviven al paso de los ciclistas. Otras instalaciones del lugar, como la antigua discoteca Código de Barras ya han sucumbido dejando atrás un pasado glorioso sin toque de queda.