Un presidente de barrio de otra categoría

Mingos logró que la parroquia ponteareana de Areas se codease con la Tercera División


vigo / la voz

«Nací en Areas y la parroquia y el club los llevo en el alma», dice Mingos. La suya ha sido una vida ligada al sitio donde creció, al barrio de Ponteareas que situó en el mapa gracias al fútbol. Domingo Freitas prefiere que le llamen Mingos. «Domingo suena muy a viejo y aún tengo 54 años», apunta entre risas. De esos 54, ha pasado más de la mitad ligado al Areas, su equipo.

Aunque, para ser fieles al relato, antes del fútbol su sueño era otro. «Mi vocación, aunque te vas a reír, era la música. Quería ser vocalista. Mi madre no me dejaba y no hubo forma de convencerla. Soy un músico frustrado», cuenta. Como no se podía enrolar en las filas de una orquesta, Freitas encontró una nueva pasión: la pelota. Y ahí sí que no habría otra posibilidad, él iba a jugar. Así comenzó su historia de amor con el Areas cuando aún tenía 12 años. De ahí a los 30, estuvo como lateral derecho del equipo pontareano. Al parecer, no se le daba mal. «Tenía mis opciones y quise jugar. Empecé en cadetes y jugué siempre en el Areas. Llegué a tener una oferta del Dunas de Nigrán de Tercera División pero tampoco me dejaron marchar», apunta riendo.

Después, la gente del club le fue «liando». Primero, para ser técnico de la base. Dirigió al juvenil del Areas -uno de los pocos conjuntos de base que tenía el club entonces- durante un par de temporadas. Ya solo le faltaba ser presidente y, para eso, un político llamó a su puerta. Era 1996. El exalcalde de Ponteareas Pepe Castro le instó a hacerse cargo de la entidad en un período difícil. Ya tenía una trayectoria en el equipo, era de la zona y le apasionaba su club. «Cogí todo muy roto, un primer equipo en Segunda Regional, que de ahí no salía. Había problemas con el segundo campo, el que hoy es de hierba natural, y jugábamos en el que hoy es sintético que daba pena en ese momento. Había cada lombo, cada burato, cada lameira, daba pena. Alí só podían xogar jabalís», dice.

Fue entrar Mingos y en cosa de seis años la cosa remontaba. El club tomó otra dimensión y en poco más de un lustro Areas pasó de Segunda Regional a Tercera División. Era todo un logro para una parroquia de 800 habitantes. Entre ellos, un orgulloso presidente de club de barrio. «Dentro de lo que pudimos, pasamos cuatro años en Tercera. Conmigo se ascendió tres veces a Tercera sin dejar de ser humildes. Nunca quise hacerlo de otra manera que no fuese humilde, no podíamos presumir de lo que no teníamos», relata el ex mandatario.

A la vez que se crecía en lo deportivo, el equipo ganaba en infraestructuras y en equipos para la base, prácticamente inexistente cuando entró Freitas. «Cuando yo entré, el Areas no tenía prácticamente base. Medio equipo de juveniles de aquella manera. Con mi compañero Santiso montamos cadetes, alevines, prebenjamines y recientemente un femenino. Una base tremenda», explica orgulloso. Y es que, 22 años de labor inquebrantable solo fueron posibles gracias a la colaboración de las directivas que le rodearon. Hasta Areas se llevó a sus amigos, al grupo de gente con la que había jugado al fútbol y que le aconsejaban donde él no llegaba. «Momentos buenos siempre tengo con las grandes directivas que tuve. Trabajadoras, honradas. En el fútbol modesto lo único que sale adelante es a base de trabajo, trabajo y trabajo. No hay nada por descubrir», dice.

El equipo de barrio más famoso

Si de algo se siente orgullos Mingos es de haber colocado a Areas en otra dimensión. «Fue un salto muy importante e histórico. Entonces, y casi hoy, no había ningún equipo de barrio a esas alturas. Aquel año competimos con el Racing de Ferrol, con el Celta B, con el Dépor B, con el Pontevedra... Nos cayó todo lo fuerte en esa categoría. Fue la leche y estaba acojonadísimos, no por equipos ni instalaciones, sino por cómo hacer el equipo y competir con esos presupuestos de casi 300.000 euros», explica orgulloso.

Parte de esas instalaciones que hoy disfrutan los integrantes del Areas se las deben a Mingos. Tanto es así que, hace unos años, la parroquia y la comunidad de montes decidieron homenajearle nombre al campo A Lomba - Domingo Freitas. «Para mí el Areas es todo, una familia. Me podía echar a llorar, ya me caen las lágrimas porque hoy no voy al campo de fútbol», continúa apenado. Su salida del club de sus amores no fue la soñada, pero él asegura que no guarda rencor y solo desea ver al Areas muy arriba, superando incluso las cotas que se consiguieron bajo su presidencia. «Soy y siempre seré del Areas. Le deseo lo mejor y quiero no que ascienda a Tercera, sino que llegue a Segunda B o a Segunda», sentencia.

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