Grandes estrellas desapercibidas en Balaídos

HEMEROTECA. 1992. Tracy Chapman, B.B. King, Celia Cruz, Willie Deville o Dr. Johns no lograron reunir más que 16.000 espectadores en el Festival Afroamérica celebrado a finales de julio de 1992 dentro del Quinto Centenario


vigo / la voz

Fue el primer macrofestival que se hizo en Galicia, pero pasó prácticamente desapercibido. Se llamó Afroamérica y tuvo lugar en Balaídos a mediados de 1992. La génesis del proyecto se remonta a una producción documental realizada en 1990 que se tituló La herencia de la esclavitud, historia que se desarrollaba en cuatro países de América y en la que, a lo largo de doce capítulos, se mostraba qué había quedado de los esclavos africanos. Los productores de aquella historia, entre ellos Santiago Villar, enseguida comprendieron que era algo que valía la pena trasladar a Europa, pensado a renglón seguido en Baiona como lugar del montaje, por ser sus gentes las primeras en tener noticia del descubrimiento de América por los europeos.

El proyecto fue inicialmente apoyado por la Comisión del Quinto Centenario, la Xunta y el Concello de Baiona, estimándose un presupuesto de doscientos millones de pesetas. La intención inicial era que se desarrollase el concierto en la playa de Ladeira, en Baiona, pero las especiales condiciones del escenario hicieron inviable el proyecto, que fue recogido por el Concello de Vigo, y trasladado al estadio de Balaídos.

El proyecto no solo contaba con música en directo. La exposición Encontros e despedidas, realizada en la Estación Marítima de Vigo, abrió el programa de actividades. Las salas de la estación recogieron una selección de pintura del vigués Manuel Castelín, con el título de Caboclo, la instalación del artista plástico Fernando Casás, Axé, y un homenaje a la emigración gallega con una muestra de fotografías, gráficos, cuadros, recortes de prensa de la época e incluso copias de pasaportes de emigrantes.

Paralelamente se pudo ver una muestra internacional de vídeo sobre los niños de las calles de Brasil titulada Meninos eu vi, y espectáculos callejeros de capoeira, candomble y blocos afros. Todos estos espectáculos de calle fuero desarrollados en Vigo y Baiona por los grupos cubanos Guillermón Moneada y Folclórico de Trinidad.

El broche final a aquel puente cultural entre América, África y Europa llegaría los días 17 y 18 de julio en el estadio de Balaídos. La entrada a aquel macroconcierto era de 1.500 pesetas (9 euros) por los dos días, o mil pesetas (6 euros) por uno solo.

El cartel era espectacular. El primer día estaban Dercio Marques, la formación The New Orleans Review, en la que se integra Willy Deville entre otros quince músicos; B.B. King y Gilberto Gil. El segundo día pasarían por el escenario Celia Cruz con Tito Puente; Tracy Chapman; y The Nest Wave Latín Summit. Este último está integrado por los grupos Ketama, Michel Camilo, Arturo Sandoval y Paquito d'Rivera.

La primera noche fue espectacular. Durante cinco horas sonaron los más diversos estilos musicales. Con Gilberto Gil comenzó la fiesta. El brasileño animó el ambiente con sus ritmos calientes reivindicativos y sus melodías cargadas de sentimiento. Con el único acompañamiento de la percusión, recreó con su voz los más diversos sonidos de la selva amazónica. Gilberto Gil recibió, junto B.B. King, los mejores aplausos de la noche y se metió a los espectadores en el bolsillo contándoles, como a un amigo, detalles de su vida.

Otra página espectacular de la velada estuvo protagonizada por The New Orleans Review, una formación en la que estaban cobijados Dr. John, Willy Deville, Zachary Richard, Johnny Adams, Eddie Bo y la agrupación The Wild Magnolias. Sonidos tan dispares como el jazz, rock, soul, rituales negros y hasta country se fundieron en un espectáculo de la forma más genuina.

Un Mercedes blanco

Fue el aperitivo para recibir a la figura más esperada de la noche, B.B. King, que llegó a Balaídos en un Mercedes blanco. El señor del blues puso magia en su guitarra Lucille, para gusto de un público entregado a una de las figuras más emblemáticas de la música. Su voz fue en algunos instantes el único sonido que se oía en Balaídos, porque los espectadores guardaban respeto como a al rey del blues que era entonces.

Toda aquella calidad musical solo pudo congregar a ocho mil personas. Una de esas cosas inexplicables que tiene la ciudad de Vigo. Y al día siguiente fueron once mil los espectadores que se acercaron al estadio municipal para ver la segunda jornada del festival. La estrella de la velada era Tracy Chapman, que se mostró muy alejada del público. Todo los contrario a la actitud de Ketama, The Latin Stars, Celia Cruz y Tito Puente.

Aunque la idea inicial era repetir en años siguientes este festival, cambiando de ubicación, jamás volvió a producirse algo similar. El organizador del evento decía cuatro días después que no habían ganado ni perdido nada y que se habían recuperado los doscientos millones de pesetas invertidos. Contaba como hecho favorable la retransmisión efectuada por TVE, que fue seguida por 250.000 personas.

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