Una joven del Miñor, confinada en una isla con veinte animales

«Rescato a todos los que puedo por culpa de una yegua a la que iban a sacrificar y me enamoré», dice

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Laia Rodriguez, niña de 10 años cantando en la Isla de Tali Laia Rodriguez, niña de 10 años cantando en la Isla de Tali

GONDOMAR / la voz

«Dedico mi vida a salvar la de otros, porque es lo que a mí me apasiona». El confinamiento de Natalia Rodríguez Conde también esta siendo en familia, pero la suya es singular ya que, además de con varios humanos, comparte vida con caballos, potros, ocas, cerdos vietnamitas, cabras, conejos, corderos y, por supuesto, perros y gatos. Todos pasan la mayor parte de la cuarentena en la isla de Tali, sobrenombre acuñado por aclamación popular de sus amigos y que se conoce como La Insuela. «Empecé a rescatar animales por culpa de una yegua que iban a sacrificar y que me regaló mi padrino, Coke. Me la trajo en muy malas condiciones y en estado agresivo para que yo la domara y pudiera venderla, pero me enamoré», recuerda. Eso fue hace tres años y seis después de que sus padres le regalaran por su primera comunión a Lúa, una yegua de cuatro años, que es la veterana de su particular Arca de Noé, donde los animales viven en semilibertad. Es ella la que va en barca al refugio, a pie en tiempo de seca, ya que está en la isla próxima a la desembocadura del Miñor.

«Mi familia tiene en ella un par de fincas que hemos vallado para que puedan estar en condiciones, sin pisar la de los vecinos y allí pasamos casi todo el tiempo. En este confinamiento estoy recuperando las horas de cuidados que les debía», indica, destacando el apoyo incondicional de su familia. «Mi padre me ayuda siempre con todo, especialmente el mantenimiento de la finca y de las vallas», dice. De su madre no tiene que hablar mucho más porque «cuando ella era pequeña escondía a los perros que encontraba para poder cuidarlos».

Esta joven, de 19 años, profesora de equitación, es además una amante de la fotografía y dedica lo que gana en sus reportajes al mantenimiento de todos los animales que llegan a su isla porque no los querían en ningún otro lugar. «A veces son en la isla con los animales, así que todos disfrutan, pero también me encanta trabajar con mujeres embarazadas», explica abriendo la puerta a una sesión solidaria a todo el que se ponga en contacto con ella. «Es una maravilla lo bien que se llevan y se cuidan entre todos», destaca esta joven que parece llevar el amor a los animales en el adn. Su hermana, Laia Rodríguez, de tan solo 10 años, es la autora de una canción que ella misma interpreta, con Tali de escenario y a lomos de Lúa, para un confinamiento responsable.

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