Contra el furtivismo

Al comprar esas capturas ilegales estamos mandando al paro a las mariscadoras


AMIGOS DA TERRA

Sería ingenuo pensar que quienes nunca respetaron espacios ni especies, zonas o tamaños ni vedas fueran ahora respetar el confinamiento. Pero aun así no deja de resultar sorprendente la intensa actividad de los mariscadores furtivos durante estas semanas. Si no estuviésemos en casa, podríamos verlos operando en sus lugares tradicionales de la ría de Vigo.

Es un viejo problema con consecuencias ambientales y sociales. Por ejemplo, tras injustificables dudas, por fin la Unión Europea aceptó incluir el marisqueo a pie entre las actividades económicas víctimas del coronavirus y, por tanto, susceptibles de recibir ayudas comunitarias. Es de justicia reconocer el trabajo de la eurodiputada del BNG Ana Miranda para que esto sea realidad, todavía pendientes de la letra pequeña, pero sin duda una buena noticia para el sector que, por lo menos en parte, aliviará las pérdidas que están sufriendo ante el cierre de buena parte de sus canales de distribución, comercialización y ventas. A esta buena noticia se le añade indirectamente otra: sin duda, por el más indeseable de los motivos estamos en pleno «paro biológico», que significará una recuperación espectacular de las especies. Es como una inversión de futuro que permitirá, en poco tiempo, conseguir tamaños y calidad espectaculares. Y con un poco de sentido común por parte del sector (que lo tienen, y cada vez más), conseguir que se mantenga en el tiempo.

El sector marisquero y el ecologista somos mucho más aliados de lo que a veces, interesadamente por malmeter, se quiere transmitir. A esta esperanzadora noticia, dentro del oscuro panorama, se le contrapone un furtivismo que no para. Cada vez más activo, más organizado, y más violento también. Es un mundo heterogéneo, en el que conviven el pobre hombre enganchado a las drogas que lo practica para pagarse su dosis (estos suelen ser los que menos daño hacen) con auténticas estructuras mafiosas que operan a nivel local e internacional (es constante el tráfico de marisco furtivo desde Portugal que se captura en buena parte en zonas, además cerradas por contaminación).

En todo hay clases y aquí también existe el furtivo de alpargata y el de chalet con coche de alta gama aparcado a la puerta. Deberíamos pensar, ahora más que nunca, que cuando compras a un furtivo unos kilos de percebes, almejas o croques a un precio irrisorio (y es difícil resistirse a semejante chollo) estamos pagando, también muy barato, otras cosas. Estamos pagando el paro de las mariscadoras legales, esas que siembran y cuidan el recurso para que sea sostenible y que además pagan sus impuestos, esos con los que se financia la sanidad pública. Pagamos a precio de saldo la destrucción de los ecosistemas, pues por ejemplo cien metros cuadrados de zonas de cría de percebe arrasadas por el furtivismo tardarán más de un año en recuperarse, y dos en alcanzar una mínima talla que les permita colonizar nuevas zonas. Estamos pagando, en definitiva, la destrucción presente y la futura. Pagamos poner en riesgo añadido nuestra salud, por si no tuviéramos suficientes riesgos estos meses, porque evidentemente este mercado ilegal se realiza al margen de los controles sanitarios.

En algún punto tenemos que romper esta cadena que sigue lastrando la economía, la sostenibilidad, el trabajo honrado de muchas personas y también es un serio problema ecológico. Si no hay mercado furtivo, no hay furtivismo. Es así de sencillo. La vigilancia, las inspecciones, las sanciones son una parte de la solución, pero siendo necesarias son como intentar contener una inundación con las manos. El furtivismo se terminará el día que todos, cuando nos ofrezcan un kilo de percebes de la ría a veinte euros sin hacer preguntas, decidamos que se acabe. Podríamos empezar por ser conscientes de lo que estamos pagando: el coste real que tiene, sus víctimas y sus consecuencias, ese caprichito que nos vamos a zampar aprovechando que nos lo ofrecen tirado de precio. También los furtivos tienen estos días limitados sus canales de distribución y dependen más del boca a boca para vender su mercancía. Sería un excelente momento para decir: NO.

vigo@tierra.org

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