Elogio de la tierra en tiempos de coronavirus

antón lois AMIGOS DA TERRA VIGO@TIERRA.ORG

VIGO

Oscar Vázquez

Nuestra especie está actuando con el planeta de forma similar a como el virus lo hace en el organismo

21 abr 2020 . Actualizado a las 23:42 h.

Hoy queremos invitarles a una excursión por la naturaleza, aunque conscientes de las circunstancias, recurriremos a lo que tenemos a mano sin salir de casa.

La idea es que este modesto viaje nos lleve a una reflexión final. Solo necesitamos una maceta con su planta correspondiente y una cucharita. Sobre la planta poco podríamos decir, pues son innumerables las especies que hemos domesticado para vivir en casa, curiosamente muchas de ellas francamente tóxicas, por eso no suelen ser devoradas por los bichitos, precaución que nos incluye.

Empecemos con la cucharita, una pequeñita, de las de café, y cojamos con ella un poquito de tierra ¿sabe lo que hay ahí? Pues para empezar tenemos, así a ojo dependiendo de la calidad de su maceta, 100 millones de bacterias en general, además de 12 millones de actinomicetos (fundamentales para formar el humus que alimenta a nuestra planta), 450.000 hongos, unos 200 nemátodos que son simpáticos gusanitos microscópicos y, esto quizás les sorprenda un poco más, 250.000 algas.

Efectivamente, todo eso en una sola cucharadita. Que la tierra está viva lo sabemos, pero quizás no imaginábamos que este microcosmos es semejante hervidero de vida.

Pero esta solo es la parte invisible, hay más. Si levantamos la maceta seguramente descubriremos algún acorazado isópodo, más conocido como bicho bola. Esto va a ser una sorpresa: nuestros primos son crustáceos. En efecto, parientes de las nécoras y los percebes, que consiguieron en su caso vivir fuera del agua aunque siguen dependiendo vitalmente de la humedad que necesitan para poder respirar. Unos valientes bichitos y un prodigio de la evolución. No están solos, les acompañan tisanuros, proturos y dipluros, algún quilópodo o quilópodo (cien y mil pies respectivamente) y un largo etc. de pequeños huéspedes como decía el insigne etólogo Karl Frisch.

Importantes

No los matemos, por favor, son todos importantes, son todos necesarios, si su presencia generalmente discreta nos incomoda podemos sencillamente expulsarlos amablemente de casa sin que les cueste la vida.

Y si tenemos suerte podemos encontrar incluso alguna miñoca. Nuestra amiga viene siendo un anélido, cosa que se comprende si nos fijamos en su cuerpo compuesto por un anillo junto a otro y así sucesivamente. Además de su papel decisivo para la fabricación de abono, cumple otra función esencial, conseguir mediante sus galerías que el oxígeno llegue al subsuelo, que parece poca cosa pero es la base de la vida. Pocos animalitos son tan importantes para la supervivencia de todos y de todo como las humildes miñocas.

Todo esto vive en una simple maceta. Ahora solo necesitamos levantar la vista y multiplicar hasta casi el infinito lo que vive ahí fuera. Aire, agua, tierra, plantas y animales, por este orden la esencia de la vida. Lo único positivo de esta situación terrible es que pueda servir de aprendizaje. Cuando todo esto termine deberíamos subvertir muchas cosas y no estaría mal empezar por diferenciar entre las que tienen importancia y las que son realmente importantes. En esto estábamos confundidos.

Suena tremendo hacer un llamamiento a subvertir la sociedad, pero no es más que cambiar el orden de prioridades. Objetivamente nuestra especie está actuando con el planeta de forma similar a como el virus actúa con nuestro organismo; si no cambiamos esto nos encontraremos con una paradoja: querer volver a la normalidad cuando termine este desastre, pero esa normalidad es la que nos está conduciendo al desastre.

Un espejismo

Arrogantemente hemos puesto en beneficio de unos pocos y a costa de la vida de muchos a la ecología al servicio de la economía, alimentando el espejismo de un crecimiento sin límites en un planeta limitado. Ya hemos llegado al límite del crecimiento, y lo hemos rebasado en muchos indicadores. Ahora, y estamos tardando, tenemos que hacerlo al revés y empezar a cuidar a la naturaleza que nos cuida y sin la que nada existirá y aplicarlo a nivel global y local. No se trata de que sea fácil o difícil, simplemente es inevitable. No hay plan B ni otra opción. Si queremos vivir, claro.