Las Rías Baixas se vuelcan con los kosovares

HEMEROTECA | Una gran parte de los municipios de la provincia organizaron acciones, a partir de abril de 1999, para albergar refugiados de la guerra con Serbia y para enviar material a la región balcánica


vigo / la voz

Hasta abril de 1999 poca gente en Galicia conocía dónde estaba Kosovo. Alguna más quizá en Vigo porque en el Real Club Celta jugaba Goran Djorovic, natural de Pristina, la capital de la entonces región serbia de Korovo. Fue un conflicto más de la descomposición de Yugoslavia.

Aunque la guerra había comenzado meses antes, a partir de marzo de 1999 se recrudeció con la intervención aérea de la OTAN contra Serbia, porque aquel conflicto cuyo origen estuvo en la consecución de la independencia de la población albano-kosovar acabó convirtiéndose en una gran crisis humanitaria con miles de refugiados y numerosas víctimas civiles.

A partir de abril, en numerosos municipios gallegos se pusieron en marcha acciones solidarias con la población albano-kosovar, la parte más débil del conflicto. Corina Porro, entonces concejala de Benestar Social en el Concello de Vigo, contactaba el 6 de abril de 1999 con la Federación de Municipios con el fin de conseguir una coordinación entre los ayuntamientos gallegos para recibir de la mejor forma posible a los refugiados que podrían llegar de la guerra de los Balcanes.

El Concello de Vigo ofrecía en principio diez pisos de alquiler. Eran viviendas grandes y pequeñas con el fin de adaptarlas al número de miembros que tuviesen las familias y evitar así su dispersión. Corina Porro decía que el Concello de Vigo estaba dispuesto a recibir «desde hoy mismo» a las familias que se enviasen de Albania o Macedonia, los dos países que acogieron mayor número de refugiados. La concejalía de Benestar Social había designado a una trabajadora que se dedicaría a buscar los pisos necesarios e intérpretes para los refugiados.

Por su parte, Cáritas Diocesana lanzaba el mensaje de que era necesario sensibilizar a la población para que demostrase su generosidad con aquellas personas «facilitando con sus donativos que las consecuencias de la guerra no sean tan dramáticas para nuestros vecinos europeos». La oenegé de la Iglesia en Arousa habilitaba un teléfono para quien quisiera ofrecer su domicilio en caso de que hiciera falta.

La Asociación Nacional para la Acción Solidaria, que presidía la pontevedresa Magaly Fagilde, también ponía en marcha un programa de acogida voluntaria de refugiados albano-kosovares en domicilios particulares de diversas familias mientras no se solucionase el problema bélico de los Balcanes. «El coste de la manutención y alojamiento no recae en el Gobierno ni en ninguna institución, sino que corre a cargo del voluntario que colabora en la campaña, con lo que se facilitan las cosas», decía la presidenta de la asociación.

La respuesta fue espectacular. En tan solo una semana, la Asociación Nacional para la Acción Solidaria recibió 2.125 ofertas de familias de Pontevedra y de otras provincias de Galicia para acoger en sus domicilios a refugiados albano-kosovares.

La relación de personas dispuestas a albergar a estos refugiados, una vez verificada, fue remitida a la Consellería de Familia para que fuese este organismo quien considerase la oportunidad.

Una semana más tarde, la organización no gubernamental Dignidad Pontevedra realizaba una campaña de recogida de diversos productos de primera necesidad con destino a los refugiados kosovares en Albania. Al mismo tiempo, la sala de exposiciones del Concello de Cambados presentaba una muestra de esculturas y pinturas de treinta artistas de la comarca, donadas con el fin de recaudar fondos para los refugiados de la guerra balcánica a través de la organización no gubernamental Médicos Sin Fronteras.

Por su parte, la corporación municipal de A Guarda aprobaba el envío de ayuda humanitaria a los refugiados kosovares, como proponía el PSOE en una moción. No logró apoyos, sin embargo, otro punto de la misma moción que proponía la acogida de refugiados en A Guarda. La alcaldesa, Purificación Álvarez, alegaba que el Concello no disponía de viviendas adecuadas para este fin, y la portavoz del BNG, Rosa Darriba, puso en duda que fuese positivo desligar a los kosovares de su territorio.

Aquella ola de solidaridad estuvo motivada, en gran manera, por las crudas imágenes y los duros relatos que los periodistas realizaron a pie de conflicto. La Voz de Galicia envió a la zona a la redactora Ana Fernández Cuba y al fotógrafo Xulio Villarino. El acto de bienvenida que tuvieron a la frontera entre Albania y Kosovo fue el éxodo de más de quince mil personas en una sola jornada.

Todo aquel horror quedó reflejado semanas después en una exposición que se pudo ver por primera vez en la sede viguesa de La Voz de Galicia. Xulio Villarino había estado en otras zonas complicadas a lo largo de su vida, pero reconocía el día de la inauguración de la exposición que nada había sido como aquello.

Los rostros de aquellos niños, mujeres y hombres desvalidos y aterrados fueron el principal motivo de aquella gran ola de solidaridad que recorrió Galicia de arriba a abajo y, en particular, las Rías Baixas.

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