Los silbatos para regular el tráfico en Gran Vía saturan a los vecinos

Residentes y comerciantes sufren el método para apurar a conductores en zona de obras

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La policía local dirige el tráfico en el cruce de Gran Vía con Urzáiz a golpe de silbato La policía local dirige el tráfico en el cruce de Gran Vía con Urzáiz a golpe de silbato

vigo / la voz

La confluencia de obras de largo recorrido en el cruce entre Gran Vía y Urzaiz, unido a la alta densidad de circulación que ya de por sí se genera en esa zona, ha llevado a los responsables de Tráfico en el Ayuntamiento de Vigo a desplegar desde hace meses, y de forma permanente, a agentes de la policía local que hacen uso de los silbatos durante horas para tratar de agilizar el tránsito de vehículos.

«Las obras son inevitables y el tráfico también, pero a lo mejor tocar el silbato de esa manera podía solventarse de otra manera», opina Ricardo Antela. El responsable de la hamburguesería La Ruta cuenta que cuando hornean los cruasanes por la mañana suelen abrir las puertas, pero han dejado de hacerlo porque el ruido es insoportable. «Depende de quién sea el que venga, porque unos soplan con moderación y otros, con todas las ganas. Los hay que lo dan todo», bromea.

En el barrio ya conocen a cada guardia por la potencia que cada uno le insufla a su silbato. «Hay uno que está más fuerte, y una agente, que le meten bastante caña», afirma un vecino del edificio de Urzaiz, 55, que acude a la tienda debajo de su casa. Allí, en Frutas Nieves, que no tiene puerta, sino una verja abierta a todo su tamaño durante el horario comercial, sufren con más intensidad, al carecer de parapeto sónico alguno, el ruido del tráfico agravado con el de la obra de Gran Vía, otra de Aqualia justo delante de la puerta en la que los operarios llevan ya dos semanas con un motor funcionando a todo trapo tras horadar el firme. Pero antes de todo eso, con el volumen de tráfico generado por las visitas a las luces navideñas, la policía local ya empezó a usar el silbato en noviembre del año pasado. «Lo soportamos como podemos y porque no queda más remedio, pero es muy molesto», asegura Lucía, que itinera de una tienda a otra y cruza los dedos para que no le toque la de Urzaiz. «Acabas loca», afirma. Las molestias las corroboran prácticamente todos los vecinos y comerciantes de la transitada zona, desde la farmacia a la créperie, que saca mesas fuera cuando el tiempo acompaña, como La Ruta, excepto los del Hotel Zenit Lisboa, que no han registrado ninguna queja de sus clientes, y la administración de lotería Casablanca, porque reconoce que con el cristal blindado, poco les llega.

En Vigo hay al menos 59.800 personas que están expuestas a ruidos que superan las recomendaciones de la OMS y las leyes españolas, según la última medición encargada por el Concello, conclusión extraída del mapa del ruido, cuya última revisión, que se hace cada cinco años, fue aprobada hace dos.

La normativa española establece un tope de 65 decibelios (dB) en las zonas residenciales y 75 en las industriales durante el día. Las cifras se reducen en diez decibelios durante la noche. Pero la OMS ya recomienda reducir el ruido del tráfico por debajo de 53 dB durante el día y 45 por la noche.

Los policías reconocen que molestan y que les causa problemas a ellos mismos

La Policía Local no pita porque sí. Lo hace porque forma parte del protocolo de actuación y la normativa de tráfico vigente, tanto en España como en muchas ciudades del mundo. Si bien es cierto que hay costumbres que en su día tuvieron sentido y poco a poco se han ido desterrando al perderlo (el ejemplo más obvio es la regulación del tráfico mediante guardias urbanos cuando no había semáforos en todas las calles), el silbato sigue chiflando.

«Forma parte de la dotación que nos dan, como la gorra o el peto», afirma un agente vigués que, por otra parte, explica que él trata de pitar lo menos posible aunque el mando de la policía local de Vigo les anima a hacerlo, «aunque nadie obliga», matiza.

Otro miembro de la plantilla municipal asegura que cuando lleva tres horas regulando la circulación con el silbato, cuando termina regresa a casa con los oídos zumbando.

Sin embargo, reconocen que el método es práctico. «Mucha gente va despistada y el sonido les recoloca», dicen. Lo corrobora Dámaso Pena, secretario del Sindicato Independiente del Concello (SICO). «Es un apoyo que está recogido en el ordenamiento de tráfico y cada silbido, cada tono, tiene un significado, lo que pasa es que mucha gente no lo sabe aunque teóricamente los conductores deben saberlo y los peatones, también, porque prevalecen las órdenes de los agentes sobre las demás señales», subraya. Por otra parte apunta que aunque «es algo obsoleto y la mayoría de los policías no lo usan», a veces es un apoyo útil y funcional «que evita, por ejemplo, muchos atropellos».

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