«Nuestro vecino no nos deja dormir»

alejandro martínez VIGO / LA VOZ

VIGO

Oscar Vázquez

Residentes de Poboadores piden evaluar a un hombre que hace ruido y lleva basura. La casa ya ha sufrido tres incendios desde que la habita hace un año

01 oct 2019 . Actualizado a las 11:01 h.

Vecinos de la calle Poboadores no pueden dormir por culpa de un vecino que da golpes por la noche dentro de la vivienda ruinosa en la que reside. Los afectados reclaman a las autoridades competentes que evalúen el estado de esta persona para considerar si debe ser ingresado en un centro psiquiátrico. Ellos piensan que no está bien y que debería de recibir una atención especializada porque, de lo contrario, continuará acumulando desperdicios en el interior de la vivienda y siendo un peligro para sí mismo y para los que le rodean.

Desde que llegó allí hace un año, ya ha habido tres pequeños incendios. El último tuvo lugar el viernes de la semana pasada sobre las dos de la tarde. Los bomberos se trasladaron para apagar el fuego en unos escombros. La humareda asustó a los vecinos. Temen que no sea el último incendio que ocurra. La casa no tiene ni luz ni agua. Les preocupa que con la llegada del frío se acostumbre a hacer hogueras y se repitan las incidencias.

Mar Fernández, una de las afectadas, señala que la vida siempre fue muy tranquila en este lugar del Casco Vello. El hombre, que tiene unos 70 años, era un músico muy reconocido y durante los últimos años vivía en Madrid. Creen que regresó a Vigo a causa de una enfermedad y lo hizo a su domicilio familiar.

El hombre que causa tantas molestias es dueño de la casa, pero esta se encuentra en pésimo estado y tiene pendiente de cumplir una orden derribo. Mar cuenta que ya hace 18 años una familia había sido desahuciada de esta vivienda por el peligro que representaba su mal estado.

El inmueble estuvo abandonado hasta el año pasado, cuando su propietario volvió a ocuparla. Entonces se acabó la paz en el vecindario. «No se puede dormir porque se pone a golpear», señala Herminia Clemata, vecina del portal contiguo. Su marido, Servando Rodríguez, señala que «tenía mucha amistad con el padre y con él. Son muy buenas personas. Hasta le quise comprar la casa. Pero esta situación ya no la podemos aguantar».

Nacho, vecino de enfrente, señala que el hombre se pasa horas dando golpes a cualquier hora del día o de la noche. Al parecer, está empeñado en rehabilitar la vivienda, pero lo hace a su manera. Los vecinos observan que ha ido sacando todas las tejas. El inmueble se ha quedado a cielo abierto y ha puesto cuadros para tapar los agujeros. «Todas las mañanas riega la planta del balcón, que es de plástico», señala Nacho.

Desesperados

Las personas del entorno están desesperadas porque llevan meses aguantando todas las incomodidades. Han llamado a la Policía Local en reiteradas ocasiones. Los agentes han acudido al domicilio, pero no lo pueden echar de su casa.

Los vecinos han ido al Ayuntamiento a quejarse. Primero se dirigieron a los servicios sociales, donde no les ofrecieron ninguna solución, y después a Urbanismo, donde les confirmaron que la casa tiene que derribarse. Técnicos municipales visitaron el inmueble en persona para comprobar el mal estado en el que se encuentra. Tocaron a la puerta, pero el septuagenario había salido. Ahora se han dirigido al juzgado. Quieren que un magistrado estudie el caso y ordene que el dueño de la casa pueda ser evaluado para determinar su estado psíquico y actuar en consecuencia.