El botulismo aviar, origen del descenso de gaviotas

La variante de la enfermedad explicaría que haya caído un 85 % la población de estas aves en las Cíes


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En cualquier otro sitio, la noticia de que en un parque nacional se produjera un declive del 85 % de una especie emblemática haría saltar todas las alarmas, pero este es un sitio distinto. La reacción de la Consellería de Medio Ambiente al informe de la Sociedade Galega de Ornitoloxía sobre la reducción vertiginosa de las gaviotas en las Cíes se tradujo en inaugurar al máximo nivel institucional (la conselleira, nada menos) un hotel de insectos.

Decían los expertos que se están produciendo episodios de mortandad cuyos síntomas son parálisis en nuestras primas. Como hipótesis de trabajo recomendaríamos a las autoridades competentes que empezaran por buscar en el origen a una vieja conocida, la toxina producida por la bacteria Clostridium botulinum. Aquí lanzamos un mensaje tranquilizador para nuestra especie: que no cunda el pánico. Efectivamente hablamos de botulismo, pero aviar. Tranquilidad si es usted un ser humano.

Nuestras amigas gaviotas son especialmente propensas a las dos vías principales de contraer la enfermedad; por una parte, comer alimentos en mal estado (sobra aclarar que comen lo que sea) y, por otro, su necesidad de beber agua dulce que encuentran generalmente en charcos de aguas estancadas, los dos lugares favoritos para la proliferación de nuestra bacteria. Una vez afectadas no es una forma ni rápida ni agradable de morir. Esas parálisis son lentas y dolorosas y no solo les impiden moverse; a veces mueren ahogadas porque simplemente esa parálisis flácida les impide levantar el cuello fuera del agua.

Episodios similares, con especial afección a las aves acuáticas, especialmente en gaviotas, se llevan produciendo desde hace mucho tiempo por todo el mundo y con frecuencia en Galicia. Sin ir más lejos, hace un par de años en el entorno de A Coruña vivimos una mortandad elevada de gaviotas que, tras semanas de denuncias ecologistas y ciudadanas, como suele suceder, por fin la Xunta confirmó (lo raro sería que lo hicieran antes) también que se trataba de un brote de botulismo.

Con estos abundantes antecedentes documentados parece razonable pensar que los mismos efectos sean producto de las mismas causas y seguramente no sea ninguna novedad tampoco en nuestro entorno, ni históricamente la peor. Es razonable deducir que entre los años 80 y 90 del siglo pasado se produjeran episodios de mortandad masiva, aunque pasaran desapercibidos ante una población de gaviotas que crecía exponencialmente como consecuencia de nuestra descontrolada producción de residuos. Se daban las condiciones para la tormenta perfecta. Por una parte, las Cíes, la principal colonia de cría, empezaba su (también entonces teórica) protección, en aquel momento como parque natural, y simultáneamente en O Zondal se mantenía en funcionamiento el mayor vertedero incontrolado de basuras de Galicia. La suma de un refugio seguro para criar y un suministro prácticamente inagotable de basuras, o lo que es lo mismo, alimentos en mal estado pero abundantes, dejan pocas dudas sobre probables episodios masivos de botulismo aviar.

La clausura de aquel vertedero supuso que paralelamente las gaviotas redujeran su población tendiendo al equilibrio natural, que se alcanzó hace pocos años, entre otras cosas, por la habilidad de nuestras primas para buscarse la vida e intentar desesperadamente sobrevivir, cosa que, comprendiendo las molestias que nos puedan provocar, no es nada diferente a lo que haría usted.

El problema es que ahora empezamos a entrar en déficit y, según los ornitólogos, pasamos de tener más gaviotas de las que naturalmente deberíamos, a tener menos, aunque no lo parezca. Entendemos que, especialmente en Vigo, lo que vamos a decir sonará a locura, pero no estaría mal que, al menos por una vez, las autoridades competentes empezaran, con tiempo y mientras la cosa tiene remedio, a planificar una estrategia gradual de conservación de las gaviotas que incluya la prevención del botulismo.

Tampoco descartemos las biotoxinas de las mareas rojas como segunda opción, pero permitan que repitamos que no cunda el pánico ni se utilice como excusa para masacrarlas, que el botulismo aviar de las gaviotas no supone una amenaza para nuestra especie.

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