Ahora que la Xunta de Galicia parece haberse dado cuenta de que ha llevado a la sanidad pública a un desastre, quizá nos veamos obligados a recurrir al otro Sergas. Con la atención primaria y las urgencias colapsadas; listas de espera de escándalo para especialidades y para cirugía; con desvíos masivos a la sanidad privada; con gente tirada por los pasillos en cada oleada de gripe; con restricciones aberrantes en el acceso a medicamentos, a veces básicos; y con los profesionales quemados, hartos de burocracia, recortes, falta de medios y propaganda… en medio, en definitiva, de este despropósito colosal que ahora estalla, ya solo nos queda recurrir al otro Sergas…
Porque, mientras se desvía la atención con comisiones y milongas, no nos dejan otra salida que ir a la sanidad alternativa. ¿La privada? Pues, no. ¡Eso querrían ellos! Por desgracia va a tener que ser la de toda la vida, la que ya triunfaba en la Edad Media.
Anoten el calendario clínico parroquial: esta semana, en Matamá, tenemos a San Mauro abogado de los enfermos de artritis reumatoide. Y, el próximo 3 de febrero, en Bembrive, puede atendernos el otorrino San Blas, patrón de las dolencias de garganta. Santa Marina de Cabral es nefróloga, ya que atiende en la romería de junio a los enfermos del riñón. Y San Roque, además de veterinario canino, es patrón de los cirujanos. Santa Eulalia de Alcabre, abogada de los desahuciados, nos atenderá en cuidados paliativos. Y así una larga lista de «especialistas»… Ante el desastre del Sergas, ya solo nos queda encomendarnos a los santos. A falta de sanidad pública, habrá que volver a la vela y al exvoto.