La ausencia de quitamerendas evidencia que algo falla

Antón lois AMIGOS DA TERRA VIGO@TIERRA.ORG

VIGO

cedida

Esta flor tendría que cubrir campos y parques, pero la falta de humedad y el calor lo impide

15 oct 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

A estas alturas del año debería ser irrelevante y sin embargo es toda una noticia: por fin hemos visto aparecer los primeros quitamerendas. En contra de lo que indica su simpático nombre no se trata de algún delincuente que se dedica a robar bocadillos, sino del Crocus serotinus. Nuestra amiga es una flor, prima del azafrán, con el que es fácil confundirla, pero en este caso silvestre y carente del interés gastronómico de su pariente cultivada (ni sus precios desorbitados).

Lo notable del caso es que al menos hace un mes que todos nuestros campos y parques deberían estar cubiertos de esta alfombra violeta, pero sin embargo es casi un milagro poder ver alguna estos días. No es buena señal, porque justamente su floración indica el comienzo del otoño. Las quitamerendas siempre están ahí, escondidas. Nacen de un pequeño bulbo de un par de centímetros enterrado en el suelo. En ese bulbo acumulan sus reservas y esperan pacientemente las condiciones ideales para germinar, que son justamente las que deberíamos estar viviendo ahora, una humedad constante y temperaturas bajas.

Cuando se dan las circunstancias ideales nuestra amiga florece como si no hubiera mañana. Y debe hacerlo deprisa, pues el exceso de humedad y las heladas nocturnas terminan con su ciclo vital. Entre dos y tres flores saldrán de cada bulbo y su mayor o menor presencia es un importante indicador fenológico, es decir, un valioso dato de cómo las especies se adaptan al ciclo de las estaciones y por lo tanto su disminución gradual en los últimos años se suma a las evidencias de los efectos del cambio climático.

Decía Álvaro Cunqueiro que en Galicia solo existían dos estaciones, el invierno y la del tren. Eran otros tiempos. A una velocidad vertiginosa las estaciones de transición están desapareciendo, especialmente el otoño (y también las del tren de cercanías, por cierto). Nuestros otoños son cada vez más breves y un eterno verano da paso a un invierno que, a su vez, registra una disminución dramática de lluvias y heladas. Excelente para el sol y la playa, pero una absoluta catástrofe ecológica… y económica. Los quitamerendas nos lo están advirtiendo este año con su ausencia directamente relacionada con la sequía que, empecinadamente equivocados, seguimos calificando como «buen tiempo». Solamente su discreta hermosura, como si sembrásemos los campos de amatistas, sería suficiente para quererlas, pero además representan un eslabón fundamental en el equilibrio ecológico.

Cambio de ciclo

El otoño es una advertencia de la llegada del invierno y por eso lleva implícita una explosión de frutos (bellotas, castañas, avellanas, setas) que servirán de reserva y despensa invernal para la fauna. Los crocus colaboran y la cusa representan la última oportunidad para los insectos polinizadores de acumular alimento antes del letargo invernal. La supervivencia en los próximos meses, por ejemplo, de las cada vez más amenazadas abejas depende en buena medida de ellas. Nuestra amiga tiene pocos usos medicinales conocidos. Antiguamente se utilizó para el tratamiento de gota y fiebres, pero por si acaso recordamos que carece de las propiedades del azafrán.

Por si a alguien se le ocurre hacer el experimento culinario le recomendamos que se fije en un detalle revelador: el ganado no se las come y por algo será. Efectivamente contiene un alcaloide, la colchicina, que la convierte en igualmente hermosa, pero tóxica. Aunque este otoño lo llevan mal siguen siendo abundantes en nuestro entorno, tan comunes que apenas despiertan especial interés entre los botánicos, pero todo puede cambiar. Les invitamos a que salgan al campo a verlas (no arrancarlas) y piensen en la fragilidad de lo que nos mantiene vivos.

Solamente una generación, la nuestra, nació con los quitamerendas como una flor que abigarraba nuestro paisaje otoñal. Somos la misma generación que desaparecerá con los crocus siendo considerada una especie en peligro de extinción. Solo salvar el clima las salvará a ellas, y a todos, a todas y a todo.