Paola González es la delegada EHF de balonmano más joven y la única gallega
08 ago 2017 . Actualizado a las 05:35 h.«Si hace sol nos vamos a la playa y si llueve, al pabellón», dice la porriñesa Paola González en referencia a su deporte. Y si hace falta recorrer Europa para que no falte el balonmano, bienvenido sea. A ello se dedica desde hace un año, cuando se convirtió en delegada federativa EHF de la disciplina. Es la única gallega y la más joven de Europa a sus 25 años. Esta experiencia le está permitiendo conocer desde otra perspectiva la disciplina a la que lleva vinculada desde niña, el que, asegura ella «es imposible no ver o practicar con una sonrisa en la cara».
La porriñesa, que jugó de portera en el equipo local hasta su retirada hace dos años, responde al teléfono en una de las pocas pausas que le deja el campeonato de España que se disputa en Laredo. Antes estuvo en Italia con el Campeonato de Europa de clubes, en Croacia con el de selecciones y en torneos como el de Valencia o el Bueu, por citar algunos. «Ahora llevo fuera de casa desde mayo. Me llama mi madre y me dice que parece que no vivimos en la misma casa. ¡Para mí en verano no existen las vacaciones!», comenta sin ningún signo de resignación.
Balonmano en la sangre
Dice que lleva el balonmano «en la sangre», que aunque su primer deporte fue el baloncesto, solo aguantó un año antes descubrir el que iba a marcar su vida. Ya retirada, comenzó a colaborar con la Federación Galega en la organización de eventos y lo demás vino dado. «He jugado toda mi vida y conocía muy bien las reglas, aparte de que he vivido y trabajado en Estados Unidos y domino el inglés. Todo eso hizo que confiaran en mí y me ofrecieran esa oportunidad por la que estaré eternamente agradecida», recalca.
Centrada en aprovechar la experiencia, admite que no tiene prácticamente un minuto de respiro. Las funciones de una delegada son variadas y tienen una gran importancia en el desarrollo de las competiciones. Habla de una «gran responsabilidad» hasta el punto de que al principio llegó a pensar que le «venía grande». «No es que estés por encima de nadie, pero sí que eres una autoridad. Fui cogiendo poco a poco seguridad», confiesa.
Su labor va desde validar las licencias de los competidores hasta supervisar cada detalle de los partidos, velar por que se cumplan a rajatabla las normas, crear los ránkings y los cruces... Algo que requiere unos conocimientos previos. «La formación teórica fue más sencilla, porque los que estamos ligados a este deporte tenemos una base que ayuda mucho. Pero luego en cuanto a reglamentaciones y normas, la cosa se complica», reconoce.
Todavía a día de hoy, tras un año ejerciendo, vive cada partido «con mucha tensión». «Siempre me lo dicen los compañeros, que estoy muy seria. Es porque me gusta que las cosas salgan bien y me lo tomo así, pero en realidad disfruto muchísimo», asegura. Con todas las tareas que le corresponden. «Por preferir, prefiero estar en partidos, ¡como preferiría jugarlos! Pero la parte de los trámites, de comprobar los DNI y demás, también sirve para relacionarse con la gente. Es la parte de socializar en la que también me encuentro muy cómoda». Cuando las competiciones son fuera de España «las tareas son completamente diferentes», dice. Más orientadas al transcurso de los partidos, a la supervisión de actas y no tanto «al papeleo». Sin embargo, «la presión es incluso mayor, porque estás representando a tu país en esos torneos».
Viviendo en los pabellones
Ahora todavía le quedan semanas por delante de balonmano playa hasta el compromiso de la Champions Cup en Gran Canaria. Luego dirá adiós a la modalidad de playa, pero en absoluto a su deporte. «Soy anotadora y los fines de semana durante el curso también vivo en los pabellones haciendo partidos», comenta. No solo eso. «Siempre que puedo también me escapo como espectadora. Es la mejor manera de desconectar haciendo algo que te gusta. Está genial», detalla.
En ocasiones necesita hacer malabares para compaginar su trabajo con sus obligaciones deportivas. «Soy maestra de educación especial y ahora estoy preparando oposiciones a policía y, mientras, en unas semanas empiezo a trabajar como azafata de vuelo». El balance de este primer año de delegada, pese a tener que compaginar tantas facetas, es «magnífico». «Nunca pensé vivir algo así», finaliza.