Una profesión de muchos quilates

alba moledo VIGO / LA VOZ

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Oscar Vazquez

Santiago González, que empezó como inversor y ahora también es diseñador, viaja por el mundo en busca de diamantes exclusivos para satisfacer las demandas de sus clientes

05 ago 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Santiago González no desciende de una tradición familiar de joyeros ni aprendió el oficio por vocación. Tiene 23 años, estudios de economía y vive de los diamantes. Hace seis años, este vigués se trasladó a Madrid y entró en contacto con inversores en este tipo de piedras preciosas. Y vio un buen negocio. Con los socios adecuados y una buena financiación, decidió poner en marcha la empresa Eiliv Diamonds. Se dedica a la compraventa de diamantes y a asesorar a sus clientes para hacer una buena inversión a cambio de un porcentaje de los beneficios. Pero pronto le sedujo el lado más artístico de las piedras y comenzó a diseñar joyas por encargo, hasta el punto de que hoy en día enfoca su negocio sobre todo en esta área.

Santiago no diseña joyas para cualquier cliente. De hecho, de vez en cuando le toca recorrer medio mundo en busca de un diamante en bruto bajo el encargo de alguno de ellos ya que, según cuenta, los hay que «están dispuestos a pagar más de 30.000 euros para conseguir la piedra que quieren». Entonces, el joven joyero tiene que hacer las maletas y coger un avión que le lleve a alguna región de África o América y desplazarse hasta alguna de las mejores minas.

Su clientela, explica, «maneja una cantidad muy importante de dinero y siempre busca algún tipo de diamante muy exclusivo en el que le compensa invertir». Santiago viaja más de cien veces al año para gestionar las inversiones de sus clientes y para poder obtener piedras acorde a lo que le demandan y que acaban convertidas en un anillo, un colgante o unos pendientes únicos en el mundo.

Aunque los riesgos de la travesía son elevados, asegura que siempre viaja con todos los seguros y garantías en orden, ya que su cometido es supervisar todo el proceso, desde la elección de la piedra en bruto en la mina hasta su talla y posterior transformación en joya. «Cada vez los clientes son más ostentosos, les encantan las piedras grandes y resultonas, con mucho color. He llegado a tener en mi mano un diamante de 27 millones de euros», asegura.

Los viajes de Santiago siempre obedecen a una demanda de joyas exclusivas y ostentosas. En una ocasión tuvo que viajar hasta Botsuana, en el sur de África, para encontrar un par de fancy intense yellow en bruto, dos diamantes de color amarillo de 40 quilates cada uno, destinados a ser engarzados en una sortija, tallados con forma de cabeza de serpiente. Otro de sus viajes fue al distrito de Kono, en Sierra Leona. Allí tuvo que seleccionar dos diamantes que posteriormente serían tallados para hacer un par de pendientes por encargo de «un cliente muy especial que pagaba una cantidad de dinero muy elevada», dice. En otra ocasión, la búsqueda de dos zafiros en bruto y de otro par de piedra luna le llevó hasta una mina de Sri Lanka. El destino de las piedras: un colgante con medallón. También para hacer un exclusivo collar, tuvo que desplazarse hasta Muzo, en Colombia, y traer unas bonitas esmeraldas.

Todas las piedras que trae de sus travesías llegan a su taller en Madrid, donde son talladas y posteriormente engarzadas según el diseño que prefiera el cliente. «Solemos presentarle alrededor de siete diseños diferentes, siempre contando con su opinión y adaptándonos a la idea que él tiene», explica.

En un futuro próximo, el gemólogo espera atender a la clientela en la nueva joyería que abrirá en Madrid este año, ya que está entre sus planes orientar la actividad de su empresa hacia esta área en la que, según cuenta, puede llegar a vender 50 joyas por encargo al año.