Aquí hay gato encerrado

Veinte activistas se concentran ante una casa del Casco Vello para liberar a una mascota que llevaba doce días sin comida


vigo / la voz

Los maullidos de un gato a través de la rendija de la ventana de un bajo del número 28 de la calle San Sebastián alertaron a los vecinos. Los lamentos del animal duraron, según testigos, hasta doce días en el Casco Vello. Pronto circuló en las redes que estaba encerrado sin comida ni agua. Para paliar su hambre, una vecina le pasó alimentos a través de una malla metálica pero alguien los devolvió a la acera. Sospecharon que la dueña del minino no atendía a la mascota, que corría riesgo de morir por inanición. La oenegé Proyecto Gato tomó cartas en el asunto y ayer movilizó a sus activistas por Facebook para concentrarse y salvar al felino.

La portavoz del colectivo, Fátima Lago, explicó ayer que, hace unos días, fue a hablar con la dueña para pedirle que dejase salir al animal. Su hijo negó que tuviesen animales en el bajo. Luego, ella avisó a la Policía Local y al Seprona, pero «ninguén fai nada porque é un domicilio privado e se a dona non quere abrir a porta, os axentes teñen que marchar».

Convocatoria por Facebook

La portavoz lanzó una convocatoria por Facebook para animar a los voluntarios a que se plantasen ayer a las 18.30 horas en la casa del ama del gato para convencerla de que abriese la puerta del bajo.

A la cita acudieron 25 activistas indignadas al escrache gatuno, muy sensibilizadas con el maltrato a las mascotas. Una de ellas tuvo que ir después a rescatar a un perro en mal estado. El gato estaba atrapado tras una ventana sin cristal y protegida por una verja forjada y una malla metálica. Una vecina que le daba de comer aseguró que había visto a la gata muy flaca a las 8.45 horas y encaramada a la red metálica. Pero esa tarde no se oían maullidos. Algunos dudaron de que la historia fuese cierta. «Quizás haya muerto o escapado. ¿Cómo pudo aguantar doce días sin nada?», preguntó una activista. «Porque en ese bajo hay goteras, ratones y bichería», respondió otra.

Bajo un fuerte chaparrón, dos representantes timbraron a la vivienda a parlamentar con la dueña o su hijo pero no estaban. Pese al dilema legal, decidieron pasar a la acción. «Non podemos esperar a ter unha orde xudicial porque entón o gato xa estaría morto de fame», explicó Fátima Lago..

Una colaboradora apareció con una podadora y una persona, cubierta con una capucha para ocultar su rostro, recortó diez centímetros de la malla, lo justo para doblarla y crear un agujero para que escapase un gato, si seguía vivo. Los asistentes hicieron una barrera con sus paraguas para evitar que los vecinos o policías secretos grabasen la operación clandestina. Al tratarse de una propiedad privada, se arriesgaban a ser juzgados por un delito o falta de daños. Para animar al gato a salir del escondite, le pusieron como cebo latas abiertas de oloroso pienso y la vecina que le da de comer le silbó.

Tras cinco minutos de espera, un perro de los congregados empezó a aullar nervioso. Y, por fin, asomó tímidamente una gata blanca y gris que rebañó la lata de comida. Varias veces, el minino se asomó con recelo al exterior del agujero recién hecho en la malla pero sin atreverse a saltar a la calle. La gente se apartó y trasladó las latas a la acera para atraerlo hacia su libertad.

crónica operación rescate de un minino famélico

«Non podemos esperar a ter unha orde xudicial porque entón o gato xa estaría morto de fame»

Fátima Lago

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