A mí no me tocó

Ángel Paniagua Pérez
Ángel Paniagua LA TRAPALLADA

VIGO

Usted y yo tenemos al menos una cosa en común: ayer no nos tocó el gordo. Qué se le va a hacer. No hemos podido decidir entre salir en el periódico brindando con champán y poner un mensaje en el Facebook o tratar de escurrir el bulto y quedar en el anonimato. Ayer me contenté buscando estudios en Internet para que otros me dijeran lo que quería oír: que el dinero no da la felicidad. Se atribuye uno al psicólogo estadounidense Martin Seligman: analizó a personas a las que les había tocado la lotería y descubrió que, un año después, ni eran más felices ni menos; eran como eran. Hay otro de la Universidad de British Columbia, en Vancouver, que dice que «tener acceso a mayores ingresos está asociado con experimentar menos tristeza en el día a día». Obvié otro estudio de la Oficina Nacional de Estadísticas del Reino Unido que dice sí hay una relación directa entre cartera y felicidad, para centrarme en un artículo publicado en el blog del vigués Hospital Nuestra Señora de Fátima, en el que el psicólogo Pedro Santamaría dice que «la idealización de lo maravillosa que se tornará nuestra vida con el boleto premiado en nuestras manos». Christopher Hsee, de la Escuela de Negocios de Chicago, incluso descubrió que la gente que ganó premios no era más felices que el resto. Y hay incluso un concepto psicológico que se llama noria hedónica, que establece que los que ganan la lotería pronto se acostumbran a su nuevo nivel de riqueza y, entonces, ya no les llegan y quieren más. Pero, por si hay dudas, la Lotería de Misuri incluso recomienda que, si te toca, cambies de número de teléfono. ¿Y quién quiere cambiarlo, a estas alturas?