La invasión turca

Pronto se cumplirán 400 años de un dramático y cruento episodio en la ría: el ataque a Vigo y el saqueo de Cangas por una escuadra turca


Hace casi 400 años, en el otoño de 1617, la ría de Vigo vivió uno de sus episodios más tristes. Una escuadra turca entró a sangre y fuego en O Morrazo tras intentar en varias ocasiones desembarcar en Vigo y tomar la plaza. Aquella incursión pirata fue una de las más cruentas y dejó un dramático rastro de muertes y violaciones, además de numerosos prisioneros que fueron embarcados por los otomanos para ser vendidos como esclavos.

El 5 de diciembre circula por Vigo la noticia de que once barcos piratas de bandera turca han fondeado al abrigo de las islas Cíes, frente a la costa de Baiona.

Se compusieron versos ante la tragedia, como los que recoge Xosé María Álvarez Blázquez en su Escolma de poesía galega: «Viñeron os mouros arrenegados, alá de moi lonxe, lonxe, lonxe... ¡Quen fora galgo, quen fora paxaro, quen fora vento!».

El 7 de diciembre, los piratas otomanos intentan desembarcar en Coia, donde son rechazados. Horas más tarde, lo intentarán en O Areal, pero se ven obligados a regresar a los buques tras ser repelidos con intenso fuego. El cronista José Espinosa destaca en esta acción la figura de Baltasar de Sequeiros y Soutomaior, primer conde de Priegue: «Se encontró en el puesto de A Pedra y en el de A Gamboa y en su orilla, andando siempre a una legua del agua peleando en todas partes valientemente contra el enemigo, dando muestras de muy gran soldado...».

Además de ponerse al frente de las defensas, Baltasar de Sequeiros organizó la intendencia de Vigo, para que las tropas estuviesen bien servidas. Así lo cuenta Espinosa: «Como Procurador General que era de la villa, acudió a la ribera del Berbés y tomó las llaves de todas las lonjas de pescado salado que había en ellas... para que todo sirviese de mantenimiento de las gentes, haciendo que se vendiese a precio muy bajo... e igualmente, para que no hubiese falta de pan, tomó mucha cantidad que tenía en su casa para su sustento y lo dio para la ocasión».

Otros combatientes que se destacaron en la defensa de la villa fueron el cabo de mar Pedro de Guevara, los capitanes Fajardo y Pereira, y el alférez Juan Arias Arbieto. Pero el verdadero protagonista fue el pueblo de Vigo, que combatió ferozmente, a veces simplemente armado con piedras y palos. Los turcos hacían primero fuego de bombardas sobre la costa y luego desembarcaban. Lo hicieron sucesivamente en Coia, A Laxe, Areal, Guixar y A Guía. Pero en todos estos puntos fueron rechazados.

Así que, vistas las dificultades para saquear Vigo, pusieron su objetivo en la otra orilla de la ría. El 8 de diciembre desembarcan en Domaio, arrasando la población, incendiando las casas y dejando un rastro de siete paisanos muertos y varios heridos y prisioneros.

Por la tarde, los turcos intentan de nuevo tomar Vigo, para lo cual sitúan sus buques en línea y realizan un intenso bombardeo. Pero vuelven a ser rechazados por la artillería y los fusiles desde tierra. Esa noche, los piratas decidirán fondear frente a Cangas, donde desatarán el terror al día siguiente.

El 9 de diciembre, los piratas comienzan a cañonear Cangas a primera hora de la mañana, derribando las casas de primera línea, mientras algunos vecinos huían hacia los montes. Pero la bravura de la gente del Morrazo está más que contrastada. Así que muchos se quedaron y fueron víctimas de una auténtica masacre.

Hubo más de cien muertos durante el saqueo e innumerables heridos, muchos de ellos mutilados. Se sucedieron las violaciones. Y doscientos vecinos fueron hechos prisioneros y embarcados para ser vendidos como esclavos.

En la colegiata de Cangas, los turcos quemaron los retablos y las imágenes religiosas. Más de 150 casas fueron incendiadas y el saqueo se extendió en los días sucesivos por todas las villas del Morrazo.

Antes de abandonar la ría, los piratas hicieron un último intento de tomar Vigo, con un amago de desembarco en la playa de Samil, que fue rechazado por paisanos y fuerzas dirigidas por el capitán Gregorio Vázquez Ozores.

Los turcos dejaron finalmente estos puertos tras sembrar un terror del que pronto se cumplirán cuatro siglos.

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