Una policía en la élite del balonmano

Míriam Vázquez Fraga VIGO / LA VOZ

VIGO

Emma Prieto se ha incorporado a las filas del Porriño de División de Honor mientras continúa con su faceta de agente local en Vigo; compaginar ambas cosas, asegura, le hace sentir afortunada

02 ago 2015 . Actualizado a las 11:56 h.

A los ocho años, cuando se apuntó a aquella actividad extraescolar, Emma Prieto ni siquiera sabía demasiado bien en qué consistía el balonmano. Probablemente tampoco tuviera muy claro cuál era la labor que desempeñaba una policía local. Con el tiempo acabó dominando ambas facetas y sabiendo encajar a la perfección las piezas del puzzle que le permite compaginar dos actividades que le llenan por igual. «Estoy encantada con ambas cosas. Nunca pensé que iba a tener tanta suerte en la vida», comenta la deportista.

A sus casi 36 años, buena parte de su carrera deportiva ha estado ligada al Chapela, el club de su vida. Pero este verano recibió la llamada del Porriño -donde también había militado en una breve etapa anterior- para volver a la máxima categoría. «A mi edad ya no cuentas con eso, así que no puedo estar más contenta», dice. No obstante, se lo pensó antes de dar el sí definitivo. «En el Chapela me daban muchas facilidades y aquí también me las van a dar, pero claro, la exigencia es mayor, son más entrenamientos, viajes más largos...». Una nueva aventura que está convencida será dura, pero también muy estimulante.

El hecho de compaginar su trabajo de policía -«lo más importante, lo que me da de comer»- con su pasión por el balonmano lleva aparejados obstáculos que se ve obligada a ir sorteando como puede. El principal es el de los horarios de los entrenamientos. «Si no puedo ir, me dan unos ejercicios y los hago por mi cuenta. Soy muy disciplinada para eso, saben que no me escaqueo», cuenta entre risas. Luego están los partidos a domicilio. «Tendré que pedir algún cambio para poder ir a alguno y si no, no pasa nada. Entienden que tampoco puedo estar constantemente pidiendo días, porque a veces hay ciertos servicios como manifestaciones en los que se necesita gente y no puedes faltar».

De su profesión, que le había llamado la atención desde siempre, le gusta esa incertidumbre de no saber nunca a ciencia cierta con qué se va a encontrar en cada jornada de trabajo. «Es muy divertido. No sabes si vas a tener un detenido, una pelea... Puede tocarte un día tranquilo o que haya follón», relata. Lo que peor lleva, confiesa, son los madrugones cuando tiene turno matinal. «Menos eso, me encanta todo. Vamos alternando. Según la semana y cómo se programen los entrenamientos puedo ir o no».

El balonmano le ayuda a estar en las mejores condiciones posibles para poder afrontar más de una situación frecuente en rutina profesional. «Mantenerte en forma es fundamental, porque en cualquier momento tienes que echar a correr detrás de una persona o tener un mínimo de fuerza y resistencia para intervenir en una disputa. Todo eso te lo da el balonmano, que te mantiene activada en el aspecto físico».

Pero su deporte le ha dado y le sigue dando a mayores muchas otras cosas. Reconoce que incluso ha marcado su personalidad. «De pequeña era tímida, me costaba hablar con la gente, y a día de hoy creo que puedo decir que ya no lo soy. Por no hablar de los valores que te da, el aprender a sufrir y a trabajar para conseguir las cosas». Más allá de eso, sigue disfrutando como la niña que era cuando empezó con cosas como «la adrenalina, el jugar, el ganar, cada entrenamiento, el preparar el partido del fin de semana intentando saber cómo defender y atacar al rival... Todo». Menos un detalle, se sincera: «Los viajes en autobús de tantas horas me cuestan más, no estoy tan cómoda como cuando tenía 20 años y dormía en cualquier esquina, pero es lo único».

Otra cosa que ha cambiado con el paso de los años es su manera de enfocar su faceta deportiva. «Cuando eres más joven piensas en la selección, en otras metas que ahora quedan fuera. Mi idea actual es solamente pasarlo bien, disfrutar del deporte que me gusta y también ayudar lo máximo posible a mi equipo, eso sí».

El balonmano le ha llevado también a «conocer a gente maravillosa», que son los amigos incondicionales que la empujan a que siga mientras el cuerpo aguante. «Me animaron también a aceptar la oferta del Porriño, porque además del compaginarlo con la policía, también suponía dejar a mi equipo de toda la vida con una jugadora menos», recuerda. Entre su familia hay más división. «La gente que ha hecho deporte lo entiende, pero luego hay otra parte ajena a todo esto que piensa que a mi edad debería estar casada, con hijos y haberlo dejado hace tiempo. Se les hace raro», admite.

A sus compañeros de trabajo también les llama la atención que siga practicando el balonmano a su edad. «Me dicen: ''¿Pero aún andas en eso? ¿Y te compensa?'' Mi respuesta es que sí, sin duda», zanja con una sonrisa. Los más aficionados al deporte suelen interesarse por sus resultados, igual que sus compañeras de equipo le preguntan por sus andanzas en las patrullas. «La verdad es que un poco sí que choca lo de tener una compañera de equipo policía», revela.

Antes de entrar en el cuerpo, cuatro años atrás, Emma se ganaba la vida como monitora de natación. Durante esa época tuvo que operarse del hombro por una lesión que a punto estuvo de poner fin a su carrera deportiva. «Se me salía el hombro hasta al estornudar. Siendo cadete me decían que me daba esa sensación, pero que era un tendón y no el hueso». Al final, ella tenía razón. Se sometió a la intervención (lleva tres anclajes de titanio) y le dijeron que no podría volver a jugar. Pero se lo propuso y lo logró.

A raíz de esa experiencia, siempre ha tenido presente la importancia de buscarse un modo de vida. «Del balonmano vives si eres Begoña Fernández. Aparte, se acaba no solo por edad, sino que puedes tener una lesión con 25 y verte sin nada». Ella aprovechó el paro tras su anterior trabajo para preparar las oposiciones. Fue la época más dura compaginando, diez hora de estudio más entrenamientos, pero hoy se dice «más feliz imposible» de ser una policía en la élite del balonmano.