Desde que existe la Xunta, la sanidad en Vigo es un escándalo. Para empezar, buena parte está privatizada, ya que Povisa atiende una población de 135.000 personas. Esto es algo inconcebible en toda España. Y resulta conmovedor que se ponga como ejemplo de deterioro público a la Comunidad de Madrid o al llamado modelo Alzira, en la Comunidad Valenciana, cuando esta ciudad mantiene la mayor privatización sanitaria que haya existido jamás en todo el Estado.
Esta situación parecía en sí misma insuperable. Pero el nuevo hospital de Beade es el colmo. Por la junta de personal nos hemos enterado esta semana de que el ?Álvaro Cunqueiro? tendrá solo 845 plazas de hospitalización, cuando el Sergas lleva años sosteniendo que habría más de mil camas, en concreto 1.465.
Este recorte inaceptable para la mayor ciudad de Galicia se filtra con una desvergüenza política enorme. En ningún momento se informa a la ciudadanía. Es intolerable el secretismo con el que la Xunta lleva todo lo relacionado con el nuevo hospital y sus cambios. Vivimos de rumores que hablan de que van a cerrar el Nicolás Peña para llevarse a los pacientes de cuidados paliativos al Meixoeiro, en una medida más que discutible. O que el Xeral será cerrado este mismo verano, dejando solo un servicio de urgencias y «alguna cosa» más. Ni siquiera está claro donde estará el laboratorio de análisis clínicos del nuevo complejo.
La calidad democrática de este proceso es penosa. Todo se está haciendo con un secretismo impropio. Como si los ciudadanos fuésemos estúpidos. Las campañas publicitarias de la Xunta no explican nada de nada. En una democracia digna de tal nombre no hay derecho a que nos gobiernen de esta forma. Tenemos derecho a saber qué va a pasar en la sanidad en Vigo.
Claro que esto es mucho pedir cuando el propio nombre del nuevo centro sanitario es una ocurrencia de un diputado de Ourense. Hace unos años, Miguel Santalices propuso en el Parlamento gallego que se llamase Álvaro Cunqueiro. Y así será. ¿Por qué? No lo sabemos. A él le gustó el nombre. Por fortuna, no planteó que se llame Mickey Mouse. ¿En la democracia de hoy esto es mínimamente admisible?
En un país no demasiado anormal, pongamos Estados Unidos, la conselleira de Sanidade tendría que presentar su dimisión irrevocable al conocerse que, durante años, mantuvo que un hospital tendría 1.465 camas y, sin explicación alguna, resultase tener 845. La mentira política se paga muy cara, como es lógico. En Galicia no sucede así. Con la sanidad en Vigo, es triste tener que escribir que se trata a la ciudadanía con un desprecio tan enorme que parece propio del despotismo ilustrado. No sabemos nada. Se nos oculta la información y parece que haya gato encerrado. Creo, sinceramente, que el presidente Feijoo no es consciente de la imagen que está dando su administración con todo esto. Y tampoco sé ya si está a tiempo de tomar las riendas y rectificar.
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