Esa Xunta antisistema

Ángel Paniagua Pérez
Ángel Paniagua LA TRAPALLADA

VIGO

No llevan rastas. No visten pañuelo palestino. No usan zapatillas viejas ni vaqueros desgastados. No los verás jamás sin afeitar o sin el pelo bien planchadito. No son muy de salir a la calle a manifestarse ni se han machacado la voz coreando consignas facilonas. No busques chapas del No a la guerra en sus solapas o pegatinas en sus carpetas. Los antisistemas de hoy en día ya no son como los de antes. Están en otro lugar. La Xunta, sin ir más lejos, está plagada de ellos. Tal vez no lo sepan, pero las familias de personas con graves dependencias se han convertido en banqueros del mercado secundario. Son financiadores a bajo interés del Gobierno gallego, que fuerza a las familias más necesitadas a convertirse en sus prestamistas. La Xunta rechaza por sistema cientos de peticiones de ciudadanos que deberían ser considerados dependientes. La Consellería de Benestar no quiere pagar las ayudas. Prácticamente todas las reclamaciones acaban dando la razón a las familias frente al Gobierno gallego. Pero la Xunta sigue negándose a reconocer la dependencia. Hace como los bancos: te pasan una comisión aunque no tengas que pagarla; si reclamas, te la devuelve, pero si cuela, cuela. El tiempo gastado no te lo devuelven con intereses. El Estado construyó un sistema de protección de los más débiles a base de leyes y dinero, pero ahora viene ese mismo Estado y busca los escondites de su propio sistema para saltárselo.

Se ha puesto de moda en los últimos meses alertar contra los peligros del populismo. Y está bien. Hay que estar alerta. Todo aviso es poco contra aquellos que solo buscan mantenerse en el poder. Pero me pregunto quién es más populista, el que hace promesas de dudoso cumplimiento o el que promulga leyes y luego busca trucos para no aplicarlas. No llevan rastas, no visten pañuelo palestino y no frecuentan las pegatinas. Pero son unos antisistemas.

angel.paniagua@lavoz.es