La rotonda del millón de euros

La polémica colocación del «Bernardo Alfageme» en la glorieta de Coia le ha supuesto al Concello un enorme desembolso económico para reparar y mantener el barco y realizar el traslado hasta el barrio


vigo / la voz

La operación rotonda emprendida por el alcalde de Vigo para encajar el que se ha convertido en el pesquero más famoso de la historia local no le ha salido barato al contribuyente, que a fin de cuentas es quien financia la iniciativa. El cálculo realizado por La Voz en función de los datos disponibles, que no son todos ante la opacidad municipal, sitúan este proyecto en el entorno del millón de euros, una cantidad astronómica teniendo en cuenta que el Bernardo Alfageme fue donado años atrás al Concello.

El relato de la colocación del pesquero en una rotonda interior de la ciudad es la crónica de un fracaso que en su origen estuvo teñido de buenas intenciones. Se trataba de conservar uno los últimos pesqueros de altura construidos en el astillero Barreras, allá por los años 40 del siglo pasado, diseñado todavía con chapas y remaches. Cuando le llegó el momento de su jubilación, hace quince años, se colocó la embarcación en manos del Concello para garantizar su pervivencia y futura exhibición para conocimiento de lo que fue la pesca décadas atrás.

Empezó entonces un proceso que ha culminado con la colocación por la fuerza del pesquero en el barrio de Coia, lo que solo ha sido posible con la utilización de más de 200 policías ante la oposición de colectivos sociales y vecinales y el rechazo de todo el arco político con la excepción del partido del alcalde, el socialista.

Una parte del dinero se gastó en los años en los que estuvo pendiente de destino, que según el acuerdo municipal de hace una década sería para su exhibición en una zona próxima al litoral. Y otros cientos de miles, lo más difíciles de constatar, los de la fase final para poder exhibirlo en buen estado.

El astillero Francisco Cardama, donde lleva desde la cesión al Concello, ha recibido del orden de 100.000 euros en los últimos tiempos por dejarlo en estado de revista. Ha tenido que vaciarlo, sacar sus motores y pintarlo, un trabajo realizado en solo dos meses.

Desde el mes de diciembre el Concello también se ha gastado también una importante cantidad en la vigilancia de la rotonda, que ha obligado a realizar miles de horas extras a los agentes municipales. En este período se ha ordenado la presencia de al menos una dotación durante las 24 horas del día, festivos incluidos, con el desplazamiento de docenas de agentes en los momentos más conflictivos. Por ejemplo ayer, cuando una veintena de policías se pasó allí la mayor parte de la mañana para vigilar a los opositores, algo que se repite casi a diario.

En unos casos a estos funcionarios les tocaba trabajar, lo que obliga a desatender otros servicios, y en los más son reclutados en jornadas de descanso, lo que implica el pago de horas extraordinarias. El cálculo realizado por este periódico cifra el costo en unos 100.000 euros en menos de tres meses.

Finalmente, la empresa que se ha encargado de adaptar la rotonda, Civis Global, ha ingresado del orden de 75.000 euros por el arreglo del recinto, aunque la cifra es difícil de constatar ya que tiene a su cargo el mantenimiento de las calles de Vigo. A todo es preciso añadir el contrato de traslado y el despliegue de grúas gigantes por parte de la firma Donitz, que implica otra factura de varias decenas de miles de euros.

Pese a todo ello, el grueso de la factura viene de atrás. En diciembre del 2005 hubo que pagar 274.000 euros a Remolcanosa por la reparación del buque, que a su vez percibió otros 91.000 dos años después. Previamente, entre el 2000 y el 2005, Cardama recibió alrededor de 100.000 euros por reparaciones de urgencia, mantenimiento y estancia en el varadero. No son todas las facturas pero dan idea de la factura de la rotonda de Coia.

«'Abel Schettino' llevó el barco a las rocas»

Un autotitulado obispo, un falso capitán Schettino (el del naufragado Costa Concordia) y una vecina de Coia en calidad de madrina fueron los mimbres con los que los contrarios a la presencia del Alfageme realizaron ayer una festiva, y nada amable, inauguración de la rotonda de Coia. Con otro vecino, Manolo Pipas, en calidad de recitador, el espectáculo salió adelante en medio del jolgorio y como terapia tras los días de tensión vividos en el barrio. Como botella para chocar contra la quilla, un enorme, y falso, recipiente que simulaba una botella de ron Cacique con la foto de una persona de características similares al alcalde vigués.

Ciertamente, tampoco había motivos para la risa ya que el acto estaba vigilado por un cordón de agentes municipales cuyo objetivo era evitar que se ocupara la calzada, como ocurrió el pasado jueves horas después de la colocación del barco. Sin embargo, los agentes tenían órdenes de evitar la confrontación y todo discurrió de la mejor manera posible. Así, tras la lectura del acta de inauguración, se negoció con el mando de los agentes y el acuerdo satisfizo a ambas partes: los policías cortaron el tráfico y tres vecinos, con la botella de ron, se acercaron a la rotonda para, de forma imaginaria, bautizar al nuevo inquilino. Por esta vía se evitó un nuevo choque opositores-agentes, muy recomendable cuando las relaciones entre ambas partes son gélidas.

El discurso de inauguración estuvo trufado de referencias a los incidentes de la madrugada del jueves y a la intervención de la policía. También de palabras amables para la embarcación, «que no podrá descansar nunca al sentirse presa tan lejos del mar». La conclusión fue un rotundo «rotondianas y rotondianos todos, españoles, queda inaugurado este pantano», que cerró las referencias al «autoritarismo» del alcalde.

Pero no todo fue un discurso de tono festivo ante la realidad de que el barco está «chantado na rotonda», en terminología opositora. En las inmediaciones de la concentración resultaba evidente que el barco no ha dejado indiferente a nadie. Grupos de vecinos polemizaban sobre si era un barco adecuado para el recinto o si su tamaño requería otro lugar para exponerlo. Y dentro del colectivo opositor tampoco las aguas bajaban tranquilas. Lo comprobó el ex-UPyD Pedro Larrauri, actualmente en la asociación Xuntos, que ha denunciado supuestas corruptelas en la gestión municipal, abroncado de malas manera por un joven tras colocar carteles en castellano contra el barco.

En la traca final, Diego Lores y Bea Lorenzo mandaron el discurso de calado. Él es trabajador social de la parroquia Cristo de la Victoria, el comando central de las protestas, y ella una de las demandantes del Concello por la forma en que tramita y concede las ayudas sociales. Ambos dejaron claro que el barco es la «anécdota» de una protesta contra la forma de emplear el dinero público. «El gobierno municipal cacarea que es el más social del mundo, pero cerró sin aviso el local de Sereos y el programa Súbete ó Castro. No se trata de debatir si el barco es bonito o no, sino de que mientras no se cubran las necesidades básicas de los ciudadanos el Alfageme es un sinsentido», explicó Lores, también uno de los detenidos por atentado a la autoridad en uno de los desalojos policiales.

Lorenzo incidió en que no está dicha la última palabra. «Se llenan la boca diciendo que hay comedores sociales, pero para saber lo que se siente allí deberían ir alguna vez. Dicen que no hay dinero para ayudas pero sí para traer el Alfageme», remachó.

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