El lobo no es sinónimo de muerte

VIGO

Uno de los ejemplares fotografiados por Andoni Canela y publicado en su libro Durmiendo con lobos.
Uno de los ejemplares fotografiados por Andoni Canela y publicado en su libro Durmiendo con lobos. andoni canela

En las Rías Baixas es una especie formalmente desaparecida desde hace medio siglo. Los últimos ejemplares se abatieron en O Morrazo

25 ene 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Una vez un lobo se murió entre mis brazos. No se puede empezar peor, pero así sucedió. Los detalles poco extraordinarios. Sencillamente trabajaba en un centro de recuperación de fauna silvestre y aunque mi responsabilidad era la parte educativa, procuraba ayudar en la atención a los pacientes. Y en eso, en ayudar en lo que podía mientras la veterinaria recomponía los desastres me encontré con un lobo recién atropellado, viejo y enorme, que llegó en las últimas.

Mi recuerdo es una mano en su pecho y la otra levantando su cabeza para que el tubo con el gas de la anestesia fluyera homogéneamente. Sentí a la vez el último latido de su corazón y su última mirada. Eso fue lo peor. Con permiso de quienes escriben y fotografían, no hay palabras ni imágenes que pueden describir la mirada de un lobo, especialmente si es la última. Se te graba a fuego.

Por esa época participé en la elaboración del Plan de Gestión del Lobo en Galicia, y aprovechando que pocas veces se juntaron tantas personas que aman y odian a los lobos, aprendimos muchas cosas. Por ejemplo que ahí siguen, permanentemente al filo de la navaja sin terminar de extinguirse, pero tampoco terminan de recuperarse, con una población fluctuante de unos 500 ejemplares dispersa por Galicia, y con una densidad tan baja que incluso en las zonas con mayor presencia, no supera los dos lobos por cada 100 kilómetros cuadrados.