Discrepar de la corriente que da cuerda al fútbol como desahogo colectivo es por impopular una actitud inédita políticamente, porque nada en forma de votos va a reportar a quien ose alterar ese convencimiento de que el fútbol lo justifica todo, desde los sueldos y riquezas que genera, al precio de las entradas o hasta el incumplimiento de las normas de tráfico para aparcar donde haga falta. Asistimos de nuevo, suele coincidir cuando se enfila una campaña electoral local, al recuento de millones que precisaría Balaídos para su adecentamiento, incrementar la seguridad de quienes ocupan sus gradas y acompañar al Celta en su carrera con una imagen propia de su nivel.
Cuestiones lógicas todas ellas, aunque sea para abrir las puertas del estadio como mucho unas 24 veces al año. Pero chirría, con la que está cayendo, oír hablar de gastar 25 millones de euros y que desde la alcaldía se diga que todas las instituciones tienen que «apoquinar» y desde la Diputación, su presidente espete en una contestación plenaria que «nosotros vamos a poner tanto dinero como el Concello», sin saber a cuánto puede ascender esa partida, ni explicar de dónde la va a restar, o sobre qué gastos previstos la va a priorizar.
Las dos actitudes, la del alcalde y la del presidente de la Diputación, evidencian una disposición y utilización del dinero público, del esfuerzo fiscal de todos, excesivamente arbitraria, enormemente discrecional, como si los fondos que manejan fuera suyos y de nadie más.
El fútbol lo soporta todo, que se eludan esas preguntas también y que nadie exija sus respuestas, así como que alguien se plantee exigir, en este caso al Celta, que como única sociedad beneficiaria de la infraestructura pública que utiliza asuma la mayor parte del coste de contar con un estadio pagado por los que van al fútbol y por los que no lo hacen. El fútbol también precisa otra visión.
Presidente de la Diputación y alcalde manejan con soltura el dinero de todos
@carlospunzon