Santa Rita de Casia es la patrona de los imposibles. Y es, también, el nombre del ferri que enlazaba Camposancos con Camiña. Por tanto, los más fervientes católicos tienen a su disposición el recurso de rezar. Mientras el resto de los mortales nos resignamos a temernos que en la desembocadura del río Miño esté condenado a la extinción. Porque hay una causa que tiene muy difícil arreglo, ni con el santoral al completo: la desidia política.
El ferri fue, durante décadas, todo un éxito. El Santa Rita de Cascia llegó a transportar 280.000 personas y 70.000 vehículos en su mejor año. Pero se ha dejado morir por disputas administrativas entre España y Portugal. La crisis y la falta de interés público han hecho el resto.
El servicio era cómodo y barato. El viaje costaba 60 céntimos, ahorrando contaminación y combustible. Y un largo rodeo por el puente da Amizade, entre Tomiño y Cerveira. Además, el ferri daba empleo a 19 personas. Y atraía turismo. Pero, por razones de calado, obligaba a un dragado anual que jamás se cumplió.
Portugal y España contrataban la draga cada demasiados años. Lo que la hacía más costosa. En la actualidad, el servicio está suspendido. Y no hay fecha ni intención de recuperarlo.
Es triste que el ferri desaparezca. Como lo es que el tren entre Vigo y Oporto, pese a un reciente lavado de cara, siga siendo un servicio lento y poco eficaz. O que las autovías lusas se hayan convertido en una trampa de peajes para los gallegos. A muchos se les llena la boca con la Eurorregión Galicia-Norte de Portugal. Pero, al menos en comunicaciones, apenas existe. Y, lo que hay, funciona mal, casi al límite de lo imposible. Para esto, no habiendo políticos, siempre nos quedará Santa Rita.
eduardorolland@hotmail.com
No hay fecha ni intención de recuperar el ferri que enlazaba Camposancos con Caminha