Vigueses que viven de diez... o más

Los inquilinos de los últimos pisos de las torres más altas de la ciudad destacan la luminosidad y la tranquilidad que ofrecen las panorámicas que disfrutan a diario


vigo / la voz

Los vigueses, de entrada, buscan pisos de altura. Quieren disfrutar de las espectaculares vistas sobre la ría, pero no todos se lo pueden permitir o tienen esa suerte. Vivir de diez o por encima de esa planta requiere pagar de media unos 100.000 euros más. Al menos en la zona del centro. Lo explica Ricardo Álvarez, de la inmobiliaria Eurolimia SL. Además de la luminosidad, los inquilinos valoran la tranquilidad que les aporta vivir sin gente por encima y el efecto relajante que les proporciona el horizonte visual.

«Son todo ventajas», confirma María Yáñez desde la planta 10 de una torre de Couto de San Honorato. «No sería capaz de vivir en un piso con poca luz, pequeño, sin vistas al mar... Levantarse por la mañana y ver el mar es una delicia. Desde este punto lo vemos todo: la calle de Madrid, el puente de Rande, las islas Cíes si asomo un poco la cabeza... Tengo vigo a mis pies», señala.

Por lo general, los afortunados que viven en las alturas de Vigo aseguran que les llega un aire más limpio y que eso favorece el arreglo de sus viviendas. Por otra parte, destacan también, los ruidos desaparecen. No se escuchan ni los niños jugando. Los propietarios de estos alojamientos pueden escapar del bullicio de la ciudad sin abandonar su casa en el centro urbano.

Además, estos privilegiados disfrutan de unas vistas envidiables que les transmiten una sensación de libertad excepcional.

«Aunque a todo se acostumbra uno y dejas de valorar lo que tienes», apunta María Vila, propietaria de un decimotercer piso en la rúa Caleira. Sin embargo, reconoce que cuando va a visitar a sus padres que viven en un cuarto en A Coruña, echa de menos las vistas de la zona de Castrelos porque para ella vivir en un piso con otro enfrente es como «vivir en comunidad. No respiran».

Pero no todo el mundo de diez o más. Las personas que padecen vértigo en principio no escogen tanta altura para asentar su morada. Es un problema importante. Sin embargo, Carmen Álvarez ha desmontado esta teoría. Ella y su familia estrenaron su decimosexto piso de la torre de Vista Alegre el día del trágico del 11-S, un hecho que por producirse lejos no les impactó tanto como para dejar de vivir en el edificio. Ni el atentado, ni la claustrofobia, ni el vértigo le han impedido disfrutar de las espectaculares imágenes cotidianas de la ría. «Al final, las vistas lo compensan todo», declara. Además, como buena gallega que es, cuando se va de vacaciones siente morriña de sus lujosas vistas y su Vigo natal.

Vivir en un décimo y en la zona más alta de la ciudad le ha aportado a María Yáñez calidad de vida, sostiene. Una cualidad que le ha hecho tocar el cielo y no querer dejarlo nunca más.

Otro de los pocos mitos que se dan para los residentes en las alturas son las gaviotas. Muchos creen que se vuelven omnipresentes y que llegan a estropear las vistas. Sin embargo, todos los entrevistados han confirmado que no notan su presencia en ningún momento. Aunque Chelo, que tiene patio interior semicubierto en su piso de Navia, las ha visto por la pasarela y detalla que a una vecina se le metió una por la ventana. Bromea, además, con que en la ciudad de Vigo hay exceso de este tipo de aves. «Deberían controlar la natalidad», sentencia.

Mal tiempo

Sin embargo, lo que sí les afecta son las recientemente denominadas ciclogénesis. Lo pasan mal cuando el tiempo se vuelve bravo. El viento se nota y los hay que se toman varias tilas para relajar los nervios y no sentir el movimiento de la lámpara cuando llega la hora de dormir.

«Una vez que asumes eso, te das cuenta de que el temporal solo te afecta dos días al año, por lo que compensan los 363 restantes», dice Carmen Álvarez.

En Navia, Nieves Cabaleiro ha declarado que en su edificio no se nota nada por el buen aislamiento que posee. Vive en una de las promociones públicas del nuevo barrio de la ciudad. Chelo, otra residente en el polígono de Navia, en el bloque marrón cercano, relata que conoce a una vecina a la que le salió volando la persiana después de que el viento se convirtiese en torbellino.

Suelen matizar como una ligera desventaja que un ascensor se estropee, aunque estas torres modernas poseen varios elevadores, de ahí que sean muy contadas las ocasionas en las que tienen que subir a pie y llegar agotados a casa. Un ejercicio parecido a subir montaña para luego disfrutar de la recompensa: deleitarse con el paisaje.

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