La escultura de Quiñones de León desapareció de la entrada de Castrelos
20 ago 2014 . Actualizado a las 19:43 h.«Tendrá la denominación de Parque de Quiñones de León y en el vestíbulo del palacio se colocará una lápida que dé permanente memoria de la donación, sus fines, del nombre del donante y de su malogrado hijo, el excelentísimo señor marqués de Mos», se recogía en la primera cláusula de la «cesión» del pazo de Castrelos al Concello de Vigo. El alcalde Adolfo Gregorio Espino encargó entonces la confección de un busto del marqués de Alcedo al escultor Bonome, para lo que se abrió una suscripción popular.
Era marzo de 1925, tres meses después de la firma de la donación realizado en Versalles.
Aquel busto, como muchas otras piezas pertenecientes al patrimonio vigués, se haya oculta en el interior del museo desde que, hace dos años, un vecino de Nigrán intentase robarla, quizás para aprovechar su bronce. Fue descubierto por los vigilantes del museo y detenido. Aunque la pieza no sufrió ningún daño, la dirección decidió retirarla y nunca más se supo de ella. Quizá la actividad frenética que envuelve este rincón de la ciudad ha impedido a su director, José Ballesta, devolverla a la entrada del pazo.
Se trata de un busto de Francisco Quiñones de León, marqués de Alcedo y de San Carlos, a quien le había llegado la propiedad a través de su esposa, la marquesa de Valladares. La propiedad la disfrutó su hijo Fernando hasta que falleció en el año 1918, volviendo a Francisco Quiñones de León. A partir de ese momento, comenzó a negociar con el Concello de Vigo la cesión del conjunto.
«Ahora habría que pagar los derechos correspondientes a la transmisión de la nuda propiedad, poco más o menos 180.000 pesetas, y en su día, las del usufructo, que representarían unas 70.000 pesetas », se decía en El Pueblo Gallego del 11 de agosto de 1925 para cuantificar el coste de la compra. Aún hubo que pagar cien mil pesetas más del timbre impuesto a la concesión de la grandeza de España para Francisco Quiñones de León. Porque el marqués de Alcedo, más que dinero, quería adquirir la máxima dignidad de la nobleza, ser Grande de España, algo que solo podía concederle el Rey. Adolfo Gregorio Espino usó todas sus influencias en la capital de España para conseguir el nombramiento por parte de Alfonso XIII. Fue de gran ayuda la intermediación del tudense José Calvo Sotelo, entonces director general de Administración.
Las fechas clave de la cesión comienzan el 12 de diciembre de 1924 con la firma en París. Está después el 11 de marzo de 1925, momento en el que el pleno de la corporación viguesa acepta las condiciones del donante. Para finalizar el 11 de julio de 1934, momento en el que se pagaba el usufructo de la propiedad y el pazo pasaba definitivamente a manos del Ayuntamiento de Vigo.
Los vigueses pagaron directamente de sus bolsillos, hace cerca de cien años, la escultura. Por respeto a aquellos que ya no están, quizás alguien debería volver a ponerla en su sitio, eso sí, pidiéndole antes permiso a su supremo rector, que por algo paga.