La noche viguesa se atomiza

Jorge Liboreiro VIGO / LA VOZ

VIGO

La ciudad vive un auge de los locales pequeños y gratuitos en detrimento de las grandes discotecas de segunda hora, que prácticamente han desaparecido en los últimos cinco años

03 ago 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

El anuncio de que la archiconocida discoteca Queen, en Mos, cerrará sus puertas el 22 de agosto de manera definitiva cogió a muchos por sorpresa. Pero si se analiza la coyuntura actual, es fácil caer en la cuenta de que Queen era otra ficha de dominó en una caída imparable que lleva afectando a los grandes locales desde el inicio de la crisis económica. ¿Hay alguien dispuesto a tomar el relevo de la Reina?

Cinco años atrás, el ambiente nocturno de Vigo difería bastante del actual. Samil y Beiramar se presentaban como las zonas de segunda hora (de tres de la noche hasta las siete de la madrugada) a las que los noctámbulos se desplazaban desde el centro. Public, nGlobe, Código de Barras, Alma y Privé representaban el concepto de club de grandes dimensiones, música house y horario holgado. Contaban con instalaciones técnicas para acoger aforos profusos, invitar DJs de prestigio y celebrar fiestas temáticas. Eran las representantes del concepto macrodiscoteca, que en Vigo forma ya parte del pasado. Actualmente nadie habla de ellas. El polvo invade sus pistas de baile y sus fachadas se esfuerzan por no desmoronarse.

La percepción general es que los controles de alcoholemia desmotivaron a los clientes a coger el coche y desplazarse hasta Samil y Beiramar. Aunque, en efecto, este fue un factor determinante en la decadencia de ambas zonas, no fue el único. Problemas de licencia, inspecciones espontáneas de la policía, pérdida de clientela, traslados e incluso casos de extorsión amenazaron la estabilidad de estas discotecas hasta hacerlas desaparecer.

Sergio Pousada, antiguo relaciones públicas de nGLobe, se encargaba de mover a la gente desde el centro hasta Samil mediante pulseras que permitían la entrada gratuita. «Tiraba para atrás llegar al local y que pareciera tan vacío, por lo grande que era», comenta Pousada. El cambio de edad también afectó a estas discotecas, que solían acoger gente de entre 25 y 35 años. «Es un error común en la noche: al haber menos gente, eres más permisivo con la entrada, al ser más permisivo y admitir gente más joven, los de mayor edad no quieren ir», añade.

El error no solo repercutió en la reputación de los locales, sino también en los beneficios pues cuanto más joven el cliente, menor poder adquisitivo o, simplemente, menos ganas de gastar. Consecuencia evidente de la desaparición de estas discotecas fue la demonización y extinción de los afters como Moloko, Manco o LeClub, que acogían a los más incansables hasta las 9 o 10 de la mañana. Así llegó a su fin el concepto de segunda hora.

De macro a micro

El declive de estas zonas de segunda hora benefició enormemente al ambiente del Arenal y de Churruca, que experimentaron un período de expansión. Los establecimientos de esta zona, que se acercan más al concepto de pub que al de discoteca, son casi todos de entrada gratuita lo que permite al cliente ir moviéndose de uno a otro según su estado anímico y gusto musical. Su situación céntrica, el transporte (diversas paradas de taxi y el Vitrasa nocturno) y el turismo también ayudan. Pero, ¿son realmente una alternativa? La mayoría de estos locales cierran a las 5.00 por normativa y no cuentan con instalaciones para organizar fiestas multitudinarias o acoger invitados de renombre. Sus espacios son reducidos, pensados para disfrutar de las consumiciones con comodidad y bailar sin estorbos.

A pesar de su cercanía, la zona de Arenal siempre se ha esforzado por mostrar una imagen muy distinta a la de Churruca. Para Alejandro Soutullo, miembro del grupo de deejays Invasive Sessions, la diferencia es clara y antagónica: «Si buscas un buen concierto de música alternativa, rock, electrónica o reggae ,deberías salir por Churruca; si lo que te gusta es bailar música comercial y de gusto universal en un ambiente estándar de elegancia, deberías ir al Arenal». Grosso modo, Churruca se queda con el público de entre 18 y 25 años. A partir de ahí, coge el relevo Arenal, aunque la facilidad de llegar de un punto a otro hace que la clientela se mezcle y sea compatible. El aforo es muy limitado en ambas zonas, difícilmente superando las 200 personas.

Los que no se contenten con estas alternativas tendrán que desplazarse hasta Ramallosa 2000, en Nigrán; Anubis, en Tui; o Kanalla, en Cañiza. Si estas propuestas no resultan convincentes, la siguiente parada sería Portonovo, Sanxenxo.