«La devoción al Cristo es tal que no afectan los cambios en la sociedad»

El religioso ourensano predicó la novena del Cristo de la Victoria


vigo / la voz

Una de las primeras acciones del papa Francisco fue nombrar secretario de la Congregación para los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica, así como arzobispo de Belcastro en Italia, al ourensano José Rodríguez Carballo. Su papel en la Iglesia actual le ha llevado a importantes cargos, como fue asumir el Ministerio General de los Franciscanos. Esta semana, el religioso predicó la novena del Cristo de la Victoria.

-¿Qué le llevó a aceptar la invitación del obispo?

-Es la tercera vez que lo hago. Estoy muy unido a Vigo desde que pasé varios años en su seminario como profesor.

-¿Ha notado cambios en el sentir de la ciudad hacia esta manifestación religiosa?

-Por lo que veo, no. Estoy impresionado por la cantidad de personas que han acudido a la novena y a las misas de enfermos. La devoción al Cristo está tan arraigada que no se notan los grandes cambios que han afectado a la sociedad.

-¿Cuál debe ser el sentido de una procesión en el siglo XXI?

-Las procesiones tienen un carácter penitencial. A mí me impresiona en Vigo como mucha gente realiza el recorrido a otra hora porque no puede acudir a la hora oficial, y lo hacen bajo el sol del mediodía, ahí se ve este carácter penitencial. Por otro lado, nos recuerda nuestra condición de caminantes. El Santo Padre, al inicio de su pontificado, invitaba a caminar, edificar y confesar, tres aspectos presentes en esta procesión: el camino hacia Jesús, la edificación de una nueva vida y la confesión pública de la fe.

-Usted que es gallego y franciscano, ¿cómo está viviendo la celebración del 800 aniversario de la peregrinación de Francisco de Asís a Santiago?

-Es un momento fuerte. Mañana mismo [por hoy] estaré en Santiago para recibir a peregrinos de toda España que van a conmemorar esa peregrinación. Creo que Francisco de Asís fue el primer gran peregrino y sigue siendo modelo de peregrinación a Santiago. Él vino para encontrarse con su fe apostólica. Había visitado primero las tumbas de los apóstoles Pedro y Pablo en Roma, y quiso profundizar. Después acudió a Jerusalén, completando el arco de las peregrinaciones medievales.

-Si volviese hoy a Jerusalén quedaría asustado...

-Sí, aunque él fue durante las Cruzadas, pero supo dialogar con el sultán, que lo acogió de forma humana. Jesús nos había de que la paz es posible y de que la violencia no se vence con violencia. Yo creo en el diálogo y en la posibilidad de la paz entre palestinos y judíos, solo hace falta capacidad de diálogo y escucha de los derechos de unos y otros, que los tienen ambos. Sin el amor y el perdón es imposible que haya paz tanto en Palestina como en Libia, Irak o Siria. Para los cristianos, la guerra nunca tendrá la última palabra porque Cristo, desde la cruz, reconcilió al mundo entre sí y con el Padre.

-¿Qué pensó cuando el papa le llamó para sus cargos actuales?

-Yo trabajaba muy contento para los franciscanos como ministro general y, tras la sorpresa inicial, tuve cierto temor debido al cambio que suponía. No obstante, finalmente todo se convirtió en alegría, porque no me cabe la menor duda de que ha sido un gesto de confianza del Santo Padre hacia mi persona. Sé que ha sido el primer nombramiento del papa para la Curia romana y eso supone para mí una gran responsabilidad que quisiera cumplir hasta las últimas consecuencias. Estoy muy ilusionado en esta nueva etapa.

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