Abertal ofrece desde hace quince años clases particulares para niños sin recursos; hoy, son 68 en la ciudad los que disfrutan de ellas cada semana
18 jun 2014 . Actualizado a las 07:00 h.Hace 15 años, los voluntarios de Abertal se juntaron para ofrecer a los niños con pocos recursos del colegio Salesianos la posibilidad de recibir clases de apoyo escolares. Hoy, esta iniciativa se ha extendido por toda la ciudad. «Acoge a 68 niños», explica la coordinadora, Natalia Rivera. Se llama proyecto Xin-Xin y ofrece clases particulares a pequeños cuyas familias no pueden pagar una academia privada.
Algunos vienen de familias desestructuradas, otros son hijos de inmigrantes que no entienden el castellano o el gallego y también hay algunos cuyos padres no tienen un nivel de estudios para ayudarles. En general, son de familias sin recursos.
«Los niños reciben dos horas semanales de clases particulares. Por cada hora de clase tienen una hora de ludoteca en la que, mediante juegos en equipo, potenciamos sus capacidades sociales», cuenta el director del centro juvenil Abertal, Segundo Cousido. Aprenden matemáticas, lengua o informática, pero también adhesión al grupo o capacidad de socialización, porque a veces les cuesta encajar con otros pequeños.
Los trabajadores sociales del Concello remiten a los niños a tres centros en función de su edad y su domicilio: Abertal (en Salesianos), Lavadores y Coia. Una persona de la asociación juvenil coordina el trabajo en cada centro. Le apoyan dos trabajadoras sociales y un grupo de voluntarios. En total, se ofrecen 68 plazas, 20 por sede, y otros ocho niños de secundaria en Salesianos.
La coordinadora, Natalia Rivera, está en contacto con los profesores del colegio de los niños y con los padres o tutores, «siempre para lograr que el niño mejore lo máximo posible».
Cuando comenzaron y durante muchos años, sacaron el proyecto adelante ellos solos. Hoy en día, funciona con una subvención del Concello, aunque si desapareciera se buscarían cómo continuarlo. «No estamos aquí por la subvención sino por ayudar a los niños», remarca el director de Abertal.
Buena parte del peso de la actividad de la asociación descansa en los hombros de los voluntarios, tres por aula, que participan en esta actividad dirigidos por una trabajadora social contratada. A partir de 16 años, pueden participar tanto para ayudar en las clases como en el juego guiado. «Son de todas las edades, unos vienen de jesuitinas, una chica es arquitecta y como de pequeña participó en actividades similares quiso colaborar, otros son los jóvenes del Servicio de Voluntariado Europeo», explica Rivera.
Uno de estos voluntarios es Alberto Sampedro. «Llevo cuatro años y me gusta mucho el proyecto. Es una pena, con más horas a la semana aprenderían más Al final, creo que aprendemos más los voluntarios que los niños», admite. Esther Rodríguez también es voluntaria: «Cada niño tiene su particularidad, pero al final consigues que todos mejoren, todos aprendemos algo en la clase».