En el grupo municipal del PSOE pintan bastos desde hace un tiempo. Las desconfianzas de su líder han acabado por apartar a algunos de sus concejales del grupo de los elegidos y llevarles a llanear al estar persuadidos de que no repetirán en la lista que viene. En el PP, ya no es que no intuyan quién puede seguir y quién no, es que no saben ni quién los dirigirá dentro de unos meses. Sus militantes llevan tanto tiempo viendo al cielo esperando la fumata del candidato que va a ser complicado que no pierdan la verticalidad cuando les toque ponerse a andar. Y el BNG, el Bloque de Vigo, ya no sabe ni dónde está, ni los que están en el grupo municipal encuentran aliciente alguno para llegar con algo de espíritu al final del mandato mientras siguen sorteando los cuchillos que desde la sala de máquinas nacionalista no dejan de lanzarles.
Los tres grupos se ven obligados a hacer de sus listas del 2015 las candidaturas de sus respectivas renovaciones y tratar de abarcar con ellas espectros políticos que esta vez están más allá de sus lindes tradicionales. Para subir de sus 11 concejales actuales Abel Caballero tiene que morder por la derecha, pero si su discurso toma demasiado acento diestro el mordisco se lo darán a él por la izquierda AGE y Podemos, grupos convencidos de que la próxima será la corporación del sorpasso. El PP ha optado por intentar desideologizarse y viguesizarse mostrando su cara pactista, lo que ha acabado por desorientar a una buena parte de su parroquia tras verse instada durante los últimos siete años a alporizarse cada vez que se pronunciaba el nombre de Caballero. Y el BNG se jugará todo a la carta de intentar no desaparecer de la corporación y aunque sea con un edil tratar de hacerse imprescindible en la combinación ganadora, aunque sea como complementario. El panorama es para partirse, salvo porque a Vigo le va su presente y futuro en esa feria.
@carlospunzon
El panorama es para partirse, salvo porque el futuro de Vigo está en esa feria