Costaleros y empuje

VIGO

Al fin se entiende que Vigo no tenga los costaleros que supuestamente necesita para portar los pasos de Semana Santa. Ángel Dorrego, coordinador de los actos que tienen lugar en la ciudad, lo confesó hace unos días en una entrevista publicada en La Voz. Resulta que si de repente le llegaran a la puerta doscientos fornidos muchachos dispuestos a llevar sobre sus hombros a Nuestro Padre Jesús del Silencio o a la Virgen de la Dolorosa, le darían el disgusto padre, nunca mejor dicho. ¿ Y por qué, si llevan años quejándose de que no hay relevo ni ganas de celebrar la Semana Santa como Dios manda? Pues porque resulta que hace ya muchos años que los pasos que en sus orígenes fueron construidos para llevar a pelo a los santos, se tunearon con ruedas y se convirtieron en carros que ahora solo precisan de gente que los empuje, sin más mística ni parafernalia pascual.

Así que a no ser que de repente reciba la diócesis una inyección descomunal de fondos para invertirlos en nuevos pasos, cosa muy poco probable, el resumen de la situación es que mejor que siga la cosa como está, porque si no, a ver qué hacemos. Además, debido a esta singular ausencia de interesados/as en estos menesteres de andar trasteando figuras sagradas de aquí para allá, Vigo vuelve a despuntar por su desapego a las tradiciones más extendidas en otros lugares. Aquí preferimos las nuestras, las propias. Así tenemos la religiosidad reconcentrada en una sola jornada. El día del Cristo de la Victoria echamos el resto. Pedimos lo que haya que pedir, rezamos lo que haya que rezar, damos las vueltas que haya que dar. Y listo. Visto así, no está mal pensado. Es sentido práctico elevado al cubo. ¿Para qué andar con súplicas todo el año si el resultado que el devoto logra es el mismo?

begona.sotelino@lavoz.es