La cantante alemana Ute Lemper actuó este fin de semana en Vigo. Un día antes de su concierto en el teatro Novacaixagalicia Barbón ofreció el mismo espectáculo en el auditorio perteneciente a la misma entidad financiera. La diferencia estaba en el precio. En Compostela, las entradas en butaca costaban 25 euros. En Vigo, 15 euros más. O sea, cuarenta. El recital formaba parte de un ciclo respaldado por el ayuntamiento de la capital gallega y puede que ahí resida la disparidad de precios. Los programadores locales de espectáculos ya han manifestado en varias ocasiones que se ven «obligados» a llevarse sus propuestas a otras ciudades de la Comunidad donde cuentan con algún colchón que les asegure las habichuelas en unos tiempos en los que la cultura carga con un gravamen en forma de impuestos que disuade a los espectadores de pasar por caja. Aún así, numerosos vigueses acudieron a la cita, como también hicieron con el musical Los Miserables, que en cinco días superó los diez mil espectadores, prueba de que cuando se ofrecen espectáculos de calidad la gente está dispuesta a rascarse el bolsillo. A pesar de Jean Valjean y compañía, que le restaron mucho cuórum, Ute Lemper desplegó todo su encanto y su actual empeño en universalizar de nuevo los versos de Neruda. La artista teutona lleva por todo el mundo un espectáculo en el que ofrece su propia interpretación musical de los poemas del escritor chileno que canta con la voz y baila con los brazos. El castellano no se le da muy bien, pero no tiene los reparos de un español al enfrentarse con una lengua que no es la suya y como gran políglota, intercala sin pausas el inglés, el francés y el alemán arropada por una banda fantástica y una iluminación sublime. Al final llegó lo que todo el mundo estaba esperando. Su Lili Marlene, su Mack The Knife. Lo bueno no hay precio que lo pague.

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