La ayuda británica a la Reconquista

Capitanes como James Coutss Crawford, O´Dogherty o McKinley merecen un homenaje por su apoyo frente a Napoleón


Vigo

La ayuda del Reino Unido fue capital para la Reconquista de Vigo. Y merecería, en alguna edición de la fiesta, un reconocimiento público. Si el espectáculo sigue creciendo, tal vez algún día veremos en la representación al personaje del capitán escocés James Coutts Crawford, comandante de la Venus. Su fragata, junto con la Lively, permitió el bloqueo naval de los franceses. Además, cañoneó las murallas para facilitar el asalto de los vigueses. Y, el 28 de marzo, embarcó a los prisioneros rumbo a los skulls de Londres, las temibles prisiones flotantes del río Támesis. También medió para que los sublevados no se matasen entre ellos. Sin su intervención, Morillo habría fusilado a Tenreiro.

Las dos fragatas fueron claves, pero los ingleses destacaron otras en la costa gallega, como la Endimion y la Loyra, que bloquearon los puertos de Muros y Noia. Y la llegada de barcos, hombres y pertrechos fue constante desde la Reconquista hasta la expulsión final del ejército de Napoleón tras la batalla de Pontesampaio.

Inglaterra ya seguía con interés los acontecimientos de Galicia desde comienzos de año. La retirada del ejército del general Moore, desde A Coruña y Vigo, era nueva de primera página en los periódicos de Londres. The Times incluso tenía un corresponsal radicado en Galicia, Henry Crabb Robinson, que publicaba crónicas regulares sobre la evolución de la guerra.

«Nuestro ejército está en retirada, por emplear una expresión agradable», escribía en enero de 1809 en The Times, en una de la suyas últimas crónicas, antes de tener que huir a Londres, «tanto en dirección a Vigo como a este lugar (A Coruña); la mayor parte de los transportes están en Vigo, pero se enviaron despachos por tierra emplazándolos a este puerto por ser el destino de la retirada: ¡Qué alarmante es nuestra posición!».

Se refiere Crabb Robinson a la División Craufurd, casi tres mil soldados ingleses que fueron evacuados desde el puerto de Vigo, cuando eran perseguidos por los ejércitos napoleónicos de los mariscales Soult y Ney.

Con la Victoria viguesa, los ingleses comprobaron qué era posible plantar cara a Napoleón sólo con ayudar militarmente a la población local. No es de extrañar la alegría con que The Times narra, en un artículo del 14 de abril de 1809, «la gloriosa Reconquista de Vigo».

«No podemos dejar de repetir la gloriosa reconquista de Vigo ?escribe el periódico londinense-, que ciertamente debe hacer peligrosa la situación de las tropas francesas en Portugal. No conocemos mejor ocasión para alegrarnos más en la confirmación de nuestras opiniones, que con esta exhibición de ardiente patriotismo en el Reino de Galicia (...) Nuestro entusiasmo se incrementa al considera que una fuerza naval británica jugó un honorable papel en la rendición de Vigo; y nos confiaron la salvaguarda y custodia de los presos de la guarnición capturados, que ascendían a mil trescientos hombres?.

A partir de abril, la opinión pública inglesa pasa a estar con Galicia. También en The Times, leemos las crónicas de las sesiones de la Cámara de los Lores, que incluyen exaltadas intervenciones pidiendo más ayuda militar para la rebelión que comenzó en Vigo. Es así como los británicos deciden enviar más buques, armas y pertrechos hacia el puerto vigués, ya liberado.

Así llega las fragatas Endimion y Loira, además de lanchas cañoneras, que serán vitales en los enfrentamientos próximos al litoral, ya que darán el apoyo de artillería necesario para enfrentarse a los franceses.

El espíritu la ayuda británica quedó reflejado en las palabras escritas por el vicealmirante inglés Berkley, comandante de la Armada Británica en la Península, que publicó una proclama a los «habitantes de Galicia», datada en Lisboa. En su escrito, elogiaba la gesta de Vigo y prometía ayuda constante.

«Habitantes de Galicia: El tirano de la Francia manifestó al Universo que su Ejército conquistó a España, y que el hermoso Reino de Galicia recibió a sus tropas como Hermanos, que disfrutáis de la mayor tranquilidad, y sois felices. Tales son las falsedades que divulga el pérfido Napoleón» , escribe Berkley. El mando inglés continúa: «Así es que Vigo enarboló otra vez las banderas de su legítimo soberano. El auxilio, que las fuerzas Navales del Rey mi Amo dieron a aquellos habitantes, se repetirá siempre que cualquier otra costa o rada de España pida o necesite ser socorrida y ayudada. Y las banderas española e inglesa tremolarán juntas y volarán en vuestros puertos a despecho del corso, que los usurpó».

Berkley termina con una promesa firme de que los ingleses van a prestar a los gallegos toda la ayuda posible en su lucha contra los invasores franceses: «Habiendo tomado mi Gobierno todas las medidas necesarias para asistir a vuestros magnánimos esfuerzos, yo os prometo que haré por mi parte cuanto sea posible, para dar el más exacto cumplimiento a aquellas órdenes, y para que mis deseos y los vuestros sean coronados con el mejor éxito».

En Pontesampaio, la ayuda británica se revelará vital, sobre todo por el apoyo de las lanchas cañoneras, que diezmarán al ejército del mariscal Ney. Y nombres como los oficiales O´Dogherty o McKinley brillarán en la batalla, junto al puente sobre el río Verdugo. El apoyo de ingleses, galeses, escoceses e irlandeses algún día merecerá un homenaje. O la aparición de un nuevo personaje en la recreación del Casco Vello.

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