Vigo en Bath

VIGO

Gracias a Thomas Rothschild, cuando un vigués vaya de viaje a Bath, además de visitar la casa de Jane Austen, el Royal Crescent o los baños romanos, incluirá en su ruta una excursión al lugar donde el empresario inglés haya decidido reconstruir el restaurante El Castillo, que el emprendedor se ha llevado desmontado para hacer allí su Lego pétreo a tamaño real. Bath, ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, tendrá si finalmente lleva a cabo este proyecto, un pegote que no se sabe muy bien qué pinta en medio de una urbe de arquitectura georgiana que es como una postal de la que te salen por las esquinas jóvenes disfrazados de personajes de Orgullo y prejuicio. Pero allá ellos. Si los británicos quedan contentos con la idea del señor Rothschild, igual se anima y el Concello le podría hacer una de esas ofertas que no podrá rechazar. Por ejemplo, por qué no prepararle un paquete de superoferta que incluya en el contenedor: la Cruz de O Castro, el monumento al Emigrante de la plaza de América, los caballos de la plaza de España, el rapto de Europa de la rotonda de Samil y otras bellezas más que dan lustre a nuestras calles. Incluso podríamos intentar que se llevase el propio edificio del Concello de Vigo para que lo coloquen al lado de su abadía del siglo XV. Habrá que ver en qué acaba esta extraña operación de traslación inmobiliaria. Aquí, la historia ya tiene final. Y lo increíble ha sido que, una vez más, los gestores municipales han dejado que se deteriorase un edificio (por feo o inapropiado que fuera), hasta que ya no se podía hacer otra cosa (supuestamente), que tirarlo abajo. Ahora solo falta que venga un empresario norteamericano que diga que está enamorado de la Panificadora y que se la lleva envuelta en papel de regalo porque la va a colocar debajo del monte Rushmore.

begona.sotelino@lavoz.es