El desarrollo de Beiramar llegó tarde y en un momento en el que nadie ha podido afrontarlo por la crisis económica. No es novedoso que ciertas infraestructuras o zonas industriales acaben siendo absorbidas por la trama urbana. Se trata de un fenómeno que se ha vivido en muchas otras ciudades de España.
El hecho diferencial que distingue al área de Orillamar es que sus planes de desarrollo han llegado en este ciclo económico que estamos padeciendo.
Es una tremenda pena, porque si se hubieran producido a principios del boom inmobiliario, cuando todo se podía afrontar y se podía hacer, seguramente ahora estaríamos hablando de otro escenario.
Las posibilidades que abría el Plan General provocó que se hicieran traslados de empresas mientras coincidió que otras cerraron.
La planificación parecía interesante, con una vocación clarísima de abrir Vigo al mar. El entorno se convertiría en un espacio apto para pasear, una zona abierta muy habitable con edificación residencial. El Palacio de Congresos iba también a suponer un punto de referencia en ese nuevo escenario. Ahora nos encontramos con un hotel cerrado en lo que habrá influido el ambiente de marginación que existe en las calles durante las horas nocturnas.
La crisis inmobiliaria ha hecho que los costes de urbanización lo hagan inviable. Habría que realizar una gran inversión antes de comenzar a construir las viviendas. Esperemos que lo que vivimos sea una ralentización del proceso. Habrá que trabajar mucho para que se desarrolle esa zona y sea viable en el futuro, aunque no lo veo a corto ni medio plazo dada la inversión necesaria y la ausencia de demanda.
Los vecinos de las calles que bajan a Jacinto Benavente denuncian el abandono municipal. Baches sin reparar, aceras que son un peligro por la acumulación de verdín o fincas sin limpiar forman parte del paisaje urbano de un entorno donde no han llegado las humanizaciones.
El Concello de Vigo cerró sin mediar explicación el local del centro de Vigo en la que se prestaba atención social y humanitaria a personas desfavorecidas y con problemas de adicciones. Las dependencias del Grupo Imán estaban abiertas en horario de mañana y tarde. El servicio ha quedado ahora restringido porque se presta desde una furgoneta que aparca en la calle Jacinto Benavente y en horario de mañana. Los beneficiarios reciben un tentempié. Los toxicómanos entregan y recogen preservativos.
Numerosas prostitutas toman cada noche las calles de la zona de Beiramar. Su presencia dice poco de la imagen del barrio y preocupa a los vecinos por los problemas que generan en numerosas ocasiones sus clientes y los proxenetas que las explotan. La presencia policial es constante.
Media docena de naves se encuentran abandonadas en la calle Jacinto Benavente. El planeamiento urbanístico no contempla que se vaya a reactivar la actividad industrial, por lo que empresas propietarias tampoco optan por reformarlas a la espera de que el cambio a construcción residencial aporte jugosas ganancias económicas cuando vuelva a crecer la demanda inmobiliaria. Mientras tanto, inmensos bloques, que antaño eran fuente de riqueza, se ven invadidos por indigentes y con frecuencia son objeto de incendios. Los bomberos apagaron dos esta semana.