El enésimo incendio en Beiramar desata el hartazgo de los vecinos

Los residentes critican el abandono por parte del gobierno municipal y piden soluciones al fenómeno de la prostitución y la humanización de las calles

Un indigente entró en la nave que sufrió el siniestro.
Un indigente entró en la nave que sufrió el siniestro.

vigo / la voz

El incendio en una nave abandonada volvió a alarmar ayer a los vecinos de Beiramar. El humo que salía de la antigua conservera de Promalar, ubicada tras el auditorio Mar de Vigo, alertó a varias personas que llamaron a los servicios de emergencia.

Patrullas de los Bomberos de Balaídos, la Policía Local y la Policía Nacional llegaron a los pocos minutos. La rápida actuación impidió que las llamas se extendieran. Al final, los daños fueron leves. En el interior de la nave se localizaron algunos enseres que indicaban que algún indigente pernoctaba en el lugar y que pudo provocar el incendio al quemar algo para poder calentarse.

Este incidente constituye un capítulo más de la lista de sucesos que ocurren en esta área de Vigo, donde son frecuentes las peleas y durante los últimos meses se han producido detenciones por robos o tráfico de estupefacientes.

La degradación constante que sufre este entorno ha vuelto a levantar la preocupación de los vecinos, que demandan una mayor vigilancia en la zona y una mayor atención del Concello al cuidado de las calles.

La decadencia de edificios que hace décadas simbolizaron la pujanza económica de la ciudad y su puerto atrae a numerosos mendigos que rompen puertas y ventanas para buscar un sitio donde cobijarse.

Una de las cuestiones que más preocupan es la prostitución callejera. «Ellas no se meten con nadie, no tenemos nada en contra de ellas, sino lo que traen: gente alcohólica, borracha o drogadas», manifiesta Marcos, vecino de la calle Instituto Oceanográfico, que considera que la zona en la que vive está completamente abandonada. Por otra parte, crea un problema de imagen. Durante el invierno las prostitutas comienzan a ponerse a partir de las ocho de la tarde, lo que disgusta a muchos ciudadanos con hijos pequeños. «Resulta difícil explicarles lo que están haciendo», comenta José Ramón Martínez, vecino de la calle Marqués de Valterra, padre de dos niños pequeños, que algunas noches que regresa tarde con su familia no tiene más remedio que aparcar en la calle Jacinto Benavente.

Las prostitutas que antiguamente ejercían en la avenida de Montero Ríos se desplazaron a esta zona cuando se inauguró el túnel y la calle comenzó a ser peatonal. «Llevamos 20 años sin poder dormir y ya va siendo hora de que el Ayuntamiento haga algo», critica Marcos, que ha enviado varias cartas quejándose al Ayuntamiento.

Además de aguantar las consecuencias de la lacra de la prostitución, los vecinos de calles como Instituto Oceanográfico o Juan Ramón Jiménez, tienen que soportar unas infraestructuras viarias insuficientes o de muy mala calidad. Hasta aquí no han llegado las humanizaciones llevadas a cabo durante los últimos gobiernos locales. Los residentes reclaman aceras más anchas, o simplemente que se construyan para poder circular.

«Desde mi casa no puedo andar con el carrito de bebé hasta el médico en la Casa del Mar si no es metiéndome en medio de la carretera», critica Marcos.

Los vecinos creen que por su ubicación, el área de Beiramar podría ser una de las más exclusivas de Vigo. La creación del auditorio y del hotel podía haber supuesto el inicio de la recuperación de este espacio, pero no ha sido así.

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