Prostitución


Hay algo de sepulcros blanqueados cuando los medios denuncian la explotación sexual de mujeres en las redes de prostitución. Porque, tras leer una noticia que clama al cielo y artículos con grandes ayes, basta con pasar unas páginas para ver publicitada, con todo detalle, fotos incluidas, la oferta sexual de pago al alcance de un telefonazo.

El pasado mes de octubre conocimos en Galicia dos historias terribles. La primera, la de una niña rumana de 15 años que era obligada a prostituirse en un club de alterne de Padrón. La segunda, una red mafiosa con base en Vigo que explotaba sexualmente a mujeres nigerianas, sometiéndolas a malos tratos y a la amenaza del vudú. Los tentáculos de esta última trama alcanzaban hasta Centroeuropa.

Ante estos dos dramas, hemos leído en todos los medios opiniones que, con toda justicia, claman al cielo. O que denuncian, con gran acierto, el fariseísmo de esta sociedad que, en realidad, tolera (cuando no favorece) estos crímenes contra las mujeres.

Sin embargo, todo esto me recuerda una secuencia de la película Casablanca. En ella, el mayor Strasser ordena cerrar el bar de Rick, después de que los clientes canten La Marsellesa. El gendarme Louis Renault, a quien acabamos de ver jugando a la ruleta, busca un pretexto para desalojar el local. Cuando Humphrey Bogart le pide explicaciones, Renault responde: «Es un escándalo: ¡Aquí se juega!». En ese momento, un camarero le entrega un fajo de billetes con la frase: «Sus ganancias».

Lo siento sinceramente, pero cuando leo noticias terribles sobre prostitución en los medios, no puedo olvidar esta escena. Porque me basta pasar unas páginas para ver publicitado todo aquello que se denuncia. Creo que habría que hacer algo con este espinoso tema...

eduardorolland@hotmail.com

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