La firma Marine Instruments ya ha instalado una treintena de dispositivos, que sustituyen a los observadores a bordo
06 nov 2013 . Actualizado a las 07:00 h.«El ojo electrónico de control de pesca es una herramienta con futuro». Es lo que piensa Francisco Pino, propietario de Marine Instruments, una de las dos únicas firmas españolas que trabajan en proyectos parecidos. Tras probar los prototipos, ya ha instalado una treintena de aparatos en buques de la flota atunera, principal cliente hasta la fecha, aunque ya empiezan a tener pedidos de otras flotas.
Se trata de un dispositivo ideado para sustituir a los observadores a bordo frente a los que, según Pino, ofrece numerosas ventajas, las principales ser más barato y más preciso. El aparato contiene una cámara que toma imágenes de la cubierta del buque de forma automática cada cinco segundos, lo que garantiza que todo lo que ocurra en la zona de entrada y selección del pescado quedará perfectamente reflejado.
En algunos de los buques han instalado dos o tres ojos. «Pueden colocarse tantos como el armador desee en función de las peculiaridades del barco», dice.
Francisco Pino está convencido de que la nueva Política Pesquera Común (PPC), que obliga a evitar descartes, convertirá al ojo electrónico en una herramienta imprescindible. «A medio plazo se instalará en todo tipo de barcos y en todos los mares», vaticina.
Países interesados
De hecho, hay dos países americanos que se han interesado por el dispositivo, en este caso para buques de pequeño porte que faenan a escasa distancia de la costa. Con el fin de garantizar una pesca sostenible, la normativa -y no solo la comunitaria- terminará obligando a las tripulaciones a anotar cada pez que entre en la red y a no devolver nada al mar.
Potenciales clientes
Con el fin de atender a todos los clientes potenciales, Marine Instruments está introduciendo mejoras en los aparatos con el fin de adaptarlos incluso a las condiciones más adversas. «Tenemos que garantizar que la fuerza del mar o vientos extremos no dañen el material», dice Pino. Explica que alguno de esos clientes en potencia les ha puesto como condición que soporten los fuertes vientos de las islas Kerguelen (Polo Sur). «Ya estamos haciendo las primeras pruebas en una cofa situada a 20 metros sobre la cubierta. Son condiciones climáticas durísimas. Si aguanta eso, lo aguantará todo», dice gráficamente.
El rediseño de la mecánica incluye el uso de acero inoxidable en lugar de plásticos y el reforzamiento de la estanqueidad del equipo, que se instala en un armario de fibra.
El ojo electrónico tiene un coste de entre 4.000 y 5.000 euros. En cuanto a la vida del aparato, «la misma que la del barco», asegura Pino.