Entre galería de arte, centro cultural alternativo, diseño y tienda de antigüedades, La Caja amplía horizontes en su nueva sede de Alcabre
03 nov 2013 . Actualizado a las 07:00 h.L a Caja abría en Bouzas mientras cerraba la otra caja, la de ahorros, la que fundó en 1880 el alcalde Manuel Bárcena, Conde de Torrecedeira. Esta segunda se fusionó, se rescató, se refundó y, finalmente, desapareció. Queda su espíritu y unos recuerdos de su etapa final que suenan a psicofonías. Y a mantras de la Santa Compaña: «¡Salvemos la caja de ahorros!», «¡Localismo!», «¡Due Dilligence!», «¡Son viables!», «¡Galeguidade!»... Son voces con eco y reverberación, como de película de miedo de serie B. Aunque casi se pronunciaron ayer mismo, suenan antiquísimas. Porque nadie entre los vivos recuerda haberlas pronunciado...
El caso es que la vieja caja de ahorros ya no existe. Con ánimo de agradar, diré que se desintegró por combustión espontánea. «¡Flop!», ya está... No busquemos argumentos racionales. No molestemos. Y acojámonos al espíritu de Halloween, de Samaín y de los Santos Difuntos... Descanse en paz, caja de ahorros. Y pasemos a hablar de la otra.
Porque La Caja ha resucitado en nombre. El que lleva un negocio que nació hace un año en Bouzas, en la antigua oficina que Caixanova tenía en la calle Tomás A. Alonso. Lo fundaron cuatro socios, relacionados con el diseño y las bellas artes: Rubén Gonzalez, Bego Arana, Goyo Cuartero y Araceli Davila. Y el resultado es un espacio tan rocambolesco como fascinante, donde encontrar obras de arte, muebles de época, antigüedades o instalaciones de artistas emergentes.
La Caja se mudó ayer mismo a unas nuevas instalaciones, en Alcabre. La fiesta de inauguración, desde las 8 de la tarde, tuvo música en directo y el ambiente de un Vigo alternativo, que es la esencia cultural de esta ciudad.
Su nuevo local es una nave industrial de 336 metros cuadrados donde, según Goyo Cuartero, han encontrado «el espacio vital que necesitábamos: techos altos para grandes instalaciones artísticas, superficie para hacer conciertos, un lugar donde exponer arte y nuestras piezas de antigüedades y vintage del siglo XX».
En Alcabre, echarán de menos su local de Bouzas, donde convirtieron en mueble-bar la caja fuerte de la antigua sucursal financiera. Conservan, sin embargo, el nombre, La Caja, como juego de palabras entre su primera ubicación y un espacio que puede albergar casi cualquier cosa.
Un gran elefante de una vieja atracción de feria recibe a los visitantes. «A los niños les encanta, porque funciona y pueden subirse a él», dice Gonzalo. Y, una vez dentro del local, aparecen objetos de coleccionista, como sillas Le Corbusier, de Harry Bertoia o de Philippe Starck. Y junto a ellas, antiguas máquinas de escribir Remington o Underwood, lámparas de los años cincuenta, muñecas de porcelana alemanas de 1930 o un teléfono Lego, de piezas minúsculas, pero que funciona, en serie limitada fabricada en Italia en 1980.
El diseño del siglo XX es la especialidad de La Caja, que compra sus piezas en ferias de antigüedades, mercadillos y colecciones particulares. Además, como la crisis obliga, los cuatro socios salen de su tienda y recorren las ferias del norte de Portugal, los domingos, para vender sus productos. «La gente alucina», reconoce Goyo Cuartero, «porque siempre somos los más originales en Caminha, Valença o Braga».
La Caja es también un espacio artístico. El asturiano Rubén González firma como la artista Sonia del Corro. Y, como es socio, su obra está siempre presente en el local. Además, acogen a pintores y escultores emergentes, para que expongan su obra, antes en Bouzas, ahora en Alcabre.
«Queremos ser galería de arte y espacio para performances e instalaciones culturales», resume Goyo Cuartero. Ayer, en la inauguración de la ampliación de La Caja, hubo concierto de Blue Monk, desde las 20.30 horas. Y una de las paredes del espacio estuvo intervenida por los ilustradores locales Macarena González, Jano Viñuela y Sergio Covelo.
De la antigua caja de antes ya solo existirá la palabra. Los vigueses seguiremos nombrando al «cerdito de la caja», las «viviendas de la caja», la «guardería de la caja», o el «asilo de la caja». Pero algún día ya nadie sabrá su significado...
Recoge el testigo del nombre un nuevo espacio cultural alternativo en Vigo. La Caja, en Alcabre, que ayer amplió sus horizontes.
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